Qué mal explicamos todavía en la Iglesia lo que tiene que ver con sexo, relaciones sexuales, castidad y abstinencia. Hay mucha confusión sobre el sentido de la castidad y eso da pie a consejos bienintencionados pero que pueden hacer daño.

La Iglesia Católica no considera el sexo como algo malo. Toda la primera parte de “Deus caritas est”, primera encíclica de Benedicto XVI, se dedica a desmontar esta acusación que se ha hecho a la Iglesia de convertir “en amargo lo más hermoso de la vida” (Deus caritas est, 3).

“Dios mismo creó la sexualidad, que es un regalo maravilloso para sus creaturas… S. JPII rechazó que la enseñanza de la Iglesia lleve a « una negación del valor del sexo humano », o que simplemente lo tolere «por la necesidad misma de la procreación»” (AL 150, citando a JPII).

El valor de la sexualidad es enorme, porque el ser humano ha recibido el don de poder amar no sólo de modo espiritual, sino también con gestos corporales: el cuerpo posee la capacidad de expresar el amor. Cada relación de amor se expresa con gestos que transmiten ese amor.

Pero vivir de forma realmente verdadera este don, no es automático: es una tarea. La Iglesia Católica propone un camino para vivirlo en verdad, para defenderlo de lo que puede tergiversar el auténtico sentido de la sexualidad: a esto se le llama castidad.

Muchas veces se ha entendido que castidad equivale a reprimir los afectos y sus manifestaciones corporales o se ha identificado castidad con abstenerse de mantener relaciones; esto no es correcto, abstención y castidad no son sinónimos.

La castidad no es reprimir los afectos y sus expresiones corporales, es ordenarlos; todos estamos llamados a vivir en castidad nuestras relaciones afectivas. Vivir castamente es que el lenguaje del cuerpo sea realmente expresión de amor, y no falsedad, egoísmo, violencia…

“Según la visión cristiana, la castidad no significa absolutamente rechazo ni menosprecio de la sexualidad humana: significa más bien energía espiritual que sabe defender el amor de los peligros del egoísmo y de la agresividad, y sabe promoverlo hacia su realización plena” FC, 33.

La castidad, por tanto, no es algo que sólo afecta a curas, monjas, consagrados… como a veces se piensa. Todos estamos llamados a vivir en castidad = en la verdad del amor por cada persona, según la relación que tenemos con cada una.

Solteros, célibes, casados: vivir en castidad supone que no hay división entre la verdad del corazón y la expresión del cuerpo.

Una relación sexual entre dos personas que no se han entregado mutuamente -“soy tuyo, en todo, para siempre”-, puede ser sincera si surge de un cariño auténtico. Pero no es verdadera, porque el cuerpo está expresando una entrega total que ellos no se han dado.

De esta forma, el cuerpo se está adelantando a manifestar un amor (comprometido) que todavía no viven los amantes, que están en una fase anterior del camino del amor. Así, el lenguaje del cuerpo no expresa la verdad del amor que hay entre ellos, y esto puede hacer daño y heridas.

La Iglesia propone esperar a tener relaciones sexuales una vez casados; cuando dos personas se han entregado y comprometido en un amor total y definitivo, la relación sexual adquiere todo su sentido: expresar ese amor con la donación total de los cuerpos y de las personas.

Y avisa de que una relación sexual fuera del matrimonio tergiversa el lenguaje del cuerpo y no es vivir el amor en verdad, enseñando que en esos casos, es pecado. Pero no porque el sexo sea malo, sino porque el pecado es un aviso de un bien que hay que proteger.

La Iglesia Católica no dice, en absoluto, que sexualidad, afectos, relaciones sexuales… sean algo malo. Una relación sexual fuera del matrimonio es pecado, no porque el sexo sea malo, sino porque la relación sexual es tan valiosa que, si no se vive bien, hace daño.

Los mandamientos y las normas morales no son limitaciones o imposiciones sin sentido, son un don que nos indica el camino para vivir el amor de verdad. Sexualidad y amor son dones tan valiosos, que hay que cuidarlos y vivirlos en verdad, para vivirlos plenamente.

¿Cómo se vive la castidad en el matrimonio? Cuando cada gesto del cuerpo expresa de verdad un amor de predilección, único y definitivo. No es casta una relación sexual que se sirve del otro, o con violencia, por mucho que sea entre esposos.

La relación sexual entre esposos no sólo no es pecado, sino que da gloria a Dios, que pensó que es la mejor forma en que un varón y una mujer pueden expresarse un amor total y definitivo y fortalece la unión de los esposos. Así lo explica el Magisterio de la Iglesia.

Si algo en este hilo te suena raro, te chirría, no lo entiendes… no te calles: pregunta y busca aclarar tus dudas. Te recomiendo leer los números 150 y siguientes de Amoris Laetitia (Dimensión erótica del amor) y preguntar lo que no entiendas.

El Magisterio de la Iglesia sobre afectividad, amor, sexualidad, relaciones sexuales… tiene todo el sentido y es liberador porque te ayuda a vivir en la verdad. Si lo vives con escrúpulo, pregunta, pregunta, pregunta y busca respuestas verdaderas.

Hilo de Twitter de María Álvarez de las Asturias (@mariaalvarezast)

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