Le tenemos miedo a los sentimientos negativos, es algo que se ve muy marcado por nuestra constante evasión al sufrimiento y a aquello que implique un grado de dificultad en mi vida.

Pero se puede dar vuelta a esta situación, ¿cómo? Dejando vivir en nosotros aquellos sentimientos que se presentan.

Ojo, no hay que casarnos con estos sentimientos ni mucho menos romanizarlos de forma que parezca que es lo correcto estar siempre así, sino que invito a que tengamos la valentía de poder asumir de frente esto que uno experimenta muchas veces: soledad, tristeza, pesadez, y muchas otras emociones que a veces, como jóvenes, nos embargan.

Cuando atravesamos por ello de una forma sana, es decir: nos dejamos experimentar esto y al mismo tiempo tenemos conciencia de que va pasar, de qué va terminar, se produce un gran fruto en nosotros.

Como digo, es válido tener esos días, en los que sentimos y experimentamos a flor de piel todo esto, pero no nos podemos casar con estos sentimientos.

Ya llegará el momento en el que pase, en el que aquello deje de doler, en el que ese sentir desaparecerá, en el que se puede ver la vida desde otra perspectiva: una visión con más alegría, con más fe, con más amor, como a la que Cristo nos invita.

Abraham Cañedo

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