Escribe David Cerdá un artículo para Disidencia invitándonos a una reflexión muy necesaria.

Comienza detectando, como profesor, que quitando honrosas excepciones, el panorama general acongoja. Uno, no hay apenas rastro de libros, no hay cine más allá de las series o estrenos de las plataformas (es decir, el poco cine que hay es generalmente malo), no hay periódicos —ni físicos ni digitales—, no hay teatro ni apenas otras formas de arte. Dos, hay un evidente abuso de los dispositivos móviles, cosa que suelen descubrir in situ con una aplicación que mide las horas que les dedican, cuyos resultados los deja impactados.

Pero en esa batalla estamos todos, perdiendo horas de trabajo, de reflexión, de descanso y de conversaciones vivas; y lo hacemos como muchos esclavos de antaño, convencidos de que todo ocurre porque tiene que ocurrir o incluso en nuestro beneficio.

Sean Parker, primer presidente de Facebook, ha reconocido que la plataforma «cambia literalmente la relación de la persona con la sociedad, con los demás […] Probablemente, interfiere en la productividad de formas inesperadas. A saber lo que está haciendo en los cerebros de nuestros hijos».

Hay modos muy distintos de convivir con estas tecnologías, que no son deterministamente invasoras. No nos dañan las invenciones mismas, sino las prácticas, y que nos repitamos la mentira de que no se pueden poner puertas al campo. Podemos promover un manual de batalla, mientras los legisladores (si quieren) y los jueces (si pueden) hacen su parte.

Tras este análisis, el profesor Cerdá hace algunas propuestas muy interesantes y que te recomiendo que las leas en su artículo de Disidencia

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