jueves, octubre 21, 2021
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Celia, una nueva postulante para las Madres Concepcionistas

Señor dame lo que me pides y pídeme lo que quieras(San Agustín).

Con esta cita de San Agustín empiezo a contaros mi testimonio. Mi nombre es Celia tengo 28 años y el día 15 de agosto, día de la Asunción de nuestra Santísima Madre, entré en el Monasterio de Hermanas Concepcionistas Franciscanas de Hinojosa del Duque, mi pueblo natal.

El Señor ha ido obrando en mí cada día, os explico: en el año 2018 fui invitada a unos ejercicios espirituales (Coraje), y ahí fue mi primer encuentro personal con Él. Estando en la Adoración al Santísimo y después de recibir el Sacramento de la Confesión, yo sentí que el Señor me llamaba, pero en tres días no supe muy bien a qué en concreto. Yo seguí asistiendo a los Adoremus mensuales que se realizaban y por suerte se siguen realizando en mi Parroquia de San Juan Bautista (son un don de la generosidad y misericordia del Señor), y yo sentía como el tiempo delante de Él se paraba, me hacía recapitular todo y cuando salía, era totalmente una mujer nueva por lo que ya no podía dejar de asistir a la visita diaria al Sagrario. Cualquier plan que tuviese pensado no estaba planeado sin tener en cuenta el tiempo diario de oración ante Él.

Ese mismo año, en verano con el final de curso, no realizábamos Adoremus, esto fue lo que me llevó a descubrir el lugar en el que me encuentro ahora: el Monasterio de Hermanas Concepcionistas, en mi pueblo conocido como las monjas, ya que aquí se adora al Señor las 24 horas.

Estando en oración una mañana, yo sentí la llamada del Señor a estar con Él, a servirlo, pero justo el año anterior había aprobado las oposiciones y había empezado a trabajar de maestra, lo que había estudiado y lo que me gustaba, le dije:- “Señor no es el momento ya que tengo un sueldo considerable, tengo independencia, ahora no». Y Él, como nos ama infinitamente y nos quiere totalmente libres, me conservó mi puesto de trabajo, me seguía dando su amor, en definitiva me seguía esperando; hasta que en 2019 recibí, o más bien recibimos, porque era conjunta, una invitación (para mi gran amiga y hermana Ana María y una individual que llegaría de un poquito más lejos para traerla la Virgen; a Laura, otra gran amiga y hermana que el Señor me ha regalado), desde estas monjas que os he dicho antes que tanto nos querían y velaban por nosotras, para acudir a un retiro el fin de semana de la Inmaculada, y ahí la Virgen nos estaba esperando con los brazos abiertos y su regazo maternal bien preparado, fueron 3 días de retiro muy intensos en los que el Señor me dejó muy claro dónde me quería, pero como os he dicho antes, mi trabajo me gusta muchísimo e intentaba tapar los planes del Señor con mil cosas, hasta que en este verano ya no he podido más, porque el amor del Señor siempre puede más y por mucho sueldo que tuviese, o muchísimo gusto en el trabajo, lo que realmente colma y llena mi vida es el servicio y la adoración al Santísimo, de lo que tanto he intentado escaquearme y quitar de encima, es mi felicidad.

Como despedida os dejo un consejo que me dio un sacerdote: poneros a tiroesto es; visita diaria al Sagrario, Adoremus, Eucaristía no solo los domingos, sino a diario, los días que se pueda tanto si tienes un día bueno como menos bueno porque Él transforma todo y lo más importante: la oración, porque el Señor sigue llamando.

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