Manon nació en una familia de testigos de Jehová, con una visión de Dios muy distinta de la cristiana y un ideal de perfección que la trastornaba: “Crecí con el temor a la desaprobación de Dios. Al mínimo pensamiento que surcaba mi cabeza y no se ajustaba a lo que me enseñaban, pensaba que iba a morir”.

Religión en Libertad ha recogido su testimonio y narra cómo le atraía el cristianismo, las iglesias y la cruz. En un momento dado de su vida, tras divorciarse y con dos hijos, decidió hacer algo que hasta ahora consideraba prohibido: entrar en una iglesia católica. Lo hizo con un nudo en el estómago, con la sensación de una acción transgresora. Estaban en misa y se sentó al fondo del templo. “Tuve una revelación en mi corazón: ¡éste es mi sitio!” explica. ¡Al fin encontraba la respuesta a los interrogantes espirituales que había tenido siempre!”

Tras un período de formación, pidió el bautismo. Y llegó el día del bautizo: “¡Un momento muy fuerte! ¡Me sentía tan feliz de entrar en la gran familia de los hijos de Dios…! Para mí era el comienzo del verdadero camino”.

Su relación con Dios ha cambiado: “Necesito hablar con Él para empezar serenamente el día. Mi encuentro con Cristo me ha descubierto a mí misma. Ese encuentro llena mi vida, y la de mi novio, y la de mis hijos. Hoy camino tranquila, sin dudas ni miedos».

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