lunes, octubre 25, 2021
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¿Cómo vivo mi fe? Un camino de continuas salidas a mi encuentro

Me llamo María, tengo 20 años y soy de Mocejón, un pueblo de Toledo. Nací en una familia cristiana y la fe me ha acompañado siempre.

Desde siempre he sido un poco guerrera, y nunca me ha gustado hacer lo que los demás hacían, por eso, a día de inscribirse para realizar la catequesis de la primera comunión, pensé que no era necesario, pues ya todo el mundo lo hacía, pero mi abuela, se antepuso a este pensamiento y le comento a mi madre, que yo debía de hacer la primera comunión, hice la comunión y más tarde me confirmé, pero acabé un poco harta de tantas idas y venidas.

Tras unos años desconectada, llegó el momento de ir a misa el domingo, porque ahora tocaba acompañar a mi hermano para que él hiciera su primera comunión, durante este tiempo llegaron dos sacerdotes nuevos a la parroquia, y uno de ellos siempre se buscaba las mañas, para invitarme a un grupo de jóvenes que se había hecho, yo decía que no, la idea que mi cabeza tenía era, entrar a eso con un Padre nuestro y salir de allí con un Gloria. Pero Dios, que no se cansa de buscar a su ovejita perdida, en un nuevo intento, mi madre y una catequista me hicieron una encerrona, a la que no pude decir que no, Dios se vale de personas para salir a encontrarnos. Probé un día lo que se hacía en el grupo, y me gustó, porque era un rato de formación y un rato de compartir, después teníamos algunos días una pequeña cena, donde nos iríamos conociendo más y más, y que agustito me encontraba allí. Durante estos años, Dios me regaló a Rodrigo, un ángel que me ayudaba y tiraba de mí cuando yo no podía, y que ahora cuento con él, en cuanto lo necesito.

Más tarde, me pillaron para dar catequesis, otro regalazo, el enseñar a los niños que Jesús es un amigo que nunca falla, y que pase lo que pase ahí estará para abrazarnos.

Y como todo en la vida, me llegó un tiempo de sequía, de no entender muchas cosas, y dónde poner el yo, por delante de todo era mi mejor opción, eso conllevo que deje todo de lado, simplemente daba catequesis porque era algo que me llenaba, y tras unos meses de vacío, en 2020 llegó una peregrinación a Fátima donde le puse a la Virgen en un aprieto, La dije que me diera un enchufazo o me marchaba del mundo cristiano, porque por postureo no iba a estar. No sólo me dio una nueva alegría, ese enchufazo, sino que me puso el deseo en el corazón de consagrarme a Ella, tras la cuarentena del covid-19 me preparé, y fue un auténtico regalo el no hacerlo sola, sino con dos chicas Azahara y Mónica, las cuales compartimos grandes momentos y que son otros dos ángeles que la Virgen me tenía preparado, y el 16 de julio de 2020 nos consagramos. Mi lema estaba claro, ya que la virgen fue la que puso en mí, tal deseo, el lema fue «Sé Tú mi manera de llevar almas a Dios», porque igual que Ella me había ayudado a volver, ahora la Virgen se puede valer de mi para llevar almas a Dios.

En septiembre de ese año, comencé una nueva etapa en los estudios y tenía que marcharme de mi pueblo, era la primera vez que salía de casa y Dios sabe porque aterricé en Talavera de la Reina, en mis ideas no era mi destino. Llegué de la mano de Virginia, a ella la conocí en una peregrinación y ahora es una hermana mayor para mí, y a la cual, yo sentí que mi misión era hacerla partícipe de todo lo que yo estaba viviendo, pues ella andaba un poco fría en lo que al mundo cristiano se refiere.

Un poco más tarde ya en este año, a nuestro encuentro, de las dos en Talavera de la Reina, estudiando lo mismo y conviviendo juntas en un piso, salió Dios, ahora a través de un chico, Alejandro, que nos propuso formar parte de un grupo de la parroquia a la que solíamos ir, sin pensárnoslo mucho dijimos que sí, y Bendito grupo. A mi Dios, me ha regalado el don de verlo en cada una de las personas que encuentro, sobre todo en sonrisas y miradas, pues como decía Madre Teresa de Calcuta «Nunca sabremos todo lo bueno que una sonrisa puede llegar a hacer«. En este grupo no solo Dios es el centro, sino que en cada uno de ellos se deja ver.

Y en abril hice Effetá, una experiencia inolvidable y que 100 % recomiendo hacerla, me ha ayudado a empezar a sanar heridas que parecía que no existían, pero que están ahí.

A día de hoy, más diariamente para ayudarme a vivir la fe, por la mañana hago el ofrecimiento de obras, durante el día rezo el rosario, por la noche hablo a la Virgen, le cuento mi día, mis anhelos, mis victorias… y le rezo las 3 Ave Marías, y en pleno curso, suelo ir los martes y jueves a misa, aparte de los domingos, por supuesto y siempre abierta a los planes que van saliendo, oraciones, misas, alguna formación, y sobre todo día a día siendo testigo y respondiendo sin ningún miedo al qué dirán, cuando me preguntan algo sobre mi fe.

En este verano, otro regalazo que me ha hecho la Virgen, es que, tras no poder ir a Fátima en febrero, he podido ir en una peregrinación en agosto, siempre los planes de Dios son mejores que los nuestros y hay que CONFIAR A CIEGAS.

Ahora vivo el hoy, soy muy muy feliz, mucha gente cuando vuelvo al pueblo me dice que no puedo negar que estoy feliz y es que, mi alegría es testigo de lo que me rebosa el corazón. Confío muchísimo en los planes de Dios, y dejo que sea Él, el que rellene mi calendario. Confiando en Él nada puede salir mal, y todo es para nuestro bien.

En un mundo donde nos venden, que la felicidad está en cualquier sitio, SÓLO Y EXCLUSIVAMENTE EN DIOS ESTÁ LA FELICIDAD VERDADERA, dejaros encontrar por Él.

María Marcelino del Moral

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