Irantzu Mendoza escribe su testimonio para la Pastoral Juvenil de la Diócesis de Vitoria. Si escribo sobre mi vocación; en pocas palabras se definiría como una obra del Espíritu Santo, Su Obra. Este gran proceso de  discernimiento es mi pequeño “Fiat”, es un dejarse hacer por la mano del Divino alfarero. Él, todo un caballero, nunca presionaría a la persona que ama, por mucho que la desee.

No creía en Dios Padre, sino en Dios-energía. Un encuentro casual con un joven de Hakuna motivó su regreso a la fe.

«De Él digo sin ningún miedo a equivocarme, que Él me amó primero, que ha tenido y tiene infinita paciencia y que todo lo hace bien».

Estudió medicina movida por su deseo de cuidar a los demás. «En el desierto de esta hermosa carrera, que no deja de ser un poco difícil y costosa, fui creciendo en la intimidad con el Señor, acercando me cada vez más a Él, en el sagrario, en lo sacramentos, en la oración…» Allí descubrió que el Señor le quería como médico de almas.

Asistió a un retiro espiritual en Madrid dirigido por sacerdotes del Instituto Cristo Rey Sumo Sacerdote. En muy poco tiempo seguía con gran fervor la Santa Misa.

«He de decir que tenía un director espiritual ungido y elegido para mí por el Espíritu Santo, y lleno de Santa paciencia, que ha sido un gran pilar en este proceso». Le recomendó visitar a las Adoratrices. El día de Cristo Rey Sumo Sacerdote entraba como postulante.

Puedes leer su testimonio completo en la Pastoral Juvenil de la Diócesis de Vitoria

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