jueves, octubre 21, 2021
Confinadas por Amor
InicioTESTIMONIOSMi hermana es monja

Mi hermana es monja

El año 2019 recibí una de las noticias más lindas que pude haber recibido, mi hermana iba a ir a hacer experiencia vocacional con unas religiosas, pero no de cualquier congregación, sino que con las Hijas de la Sagrada Familia, nada más y nada menos que en Colombia, a casi 5.000 km de distancia de nosotros.

Pero no importaba, mi hermanita menor sentía ese llamado y quería seguirlo, que orgullo más grande, ella es la tercera de los siete hermanos, yo la segunda, mi deber de hermana mayor era apoyarla porque yo sabía que eso que ella sentía era un fuerte llamado de Dios, no me iba a interponer entre ellos.

Ya terminando ese año ella viajó a hacer la experiencia, y no mucho después de que ella llegase para allá me llegó otra de las noticias más maravillosas de mi vida, decidió quedarse con las monjitas, Dios le confirmó su vocación. Iba a volver en febrero para despedirse y hacer unos trámites, así que la iba a poder abrazar y felicitar en persona. Pasaron esos meses y ella volvió, ya con su hábito de postulante, radiante, llena de gozo porque encontró ese lugar donde el Señor la llamaba a ser santa, tuvo un encuentro con el amor de su vida que le quitó todo atisbo de duda que quedaba en su corazón.

En ese momento, viéndola tan plena y gozosa me di cuenta de que su lugar ya no estaba en Chile con nosotros, y tal vez en ese momento estaba físicamente ahí, pero su corazón estaba puesto en Colombia con las Hijas de la Sagrada Familia. Me alegró infinitamente saber que ella decidió darle su sí a Cristo, obviamente mi humanidad se entristecía un poco al saber que ya no iba a estar conmigo, pero más fuerte que esa tristeza era la alegría que no puede venir sino del mismo Dios, esa alegría profunda de ver en su mirada el amor con el que se estaba entregando. Amar es buscar siempre el mayor bien para el otro, aún cuando esto implique renuncias y separaciones, mi amor de hermana mayor me permitió ver que me tocaba renunciar a ella para que ella alcanzase a Dios de la forma que Él quería ser alcanzado, porque Él es el mayor bien.

Volvió a Colombia, estuvo muchos meses allá y volvió con permiso de la Madre para celebrar la misa de toma de hábito en Chile, con su familia. Su cara era otra, no había en ella atisbo de tristeza, añoro o duda, quería entregarse aún más, anhelaba donarse completamente a Jesús, como Él se donó a cada uno de nosotros.

Ya está de vuelta en Colombia, no sé cuándo la vuelva a ver, pero eso no importa, porque sé que ella está rezando mucho por mí y yo estoy rezando por ella, juntas nos sostenemos en la oración, pidiendo a Dios para la otra fortaleza para seguir la vocación a la que el Señor nos llama, vocaciones distintas pero igual de hermosas.

¿La extraño? Sí, pero me dijeron algo muy lindo, y eso fue que cuando una persona lo deja todo por Cristo, deja a su familia, es Cristo quien toma su lugar en ella, y eso se ve claramente en nuestra familia. Tenerla allá nos ha hecho crecer mucho, nos a acercado más a la oración, nos ha llevado a mirar la vida de otra forma.

Saber que cuento con una monjita para que rece por todas las cosas que le pido de forma especial es algo insuperable, y no es cualquier monjita, es mi hermanita, tengo clarísimo que por lo que le pida que rece va a rezar, y no solo va a rezar ella, sino toda su comunidad.

Me fascina y me llena de orgullo que ella sea religiosa, me ha enseñado a vivir a Cristo de otra manera, me ha enseñado a ver a María con otros ojos, y me ha dado el mejor de los regalos, me ha dejado en su ausencia al mismísimo Señor para que ocupe ese huequito que se vació con su partida al convento. Me llena de orgullo ver a mi amiga, hermana y confidente encontrarse con Dios de forma tan personal que no quiere más que quedarse a su lado en cada momento de su vida.

No puedo hacer más que agradecer al Señor el que me regalase a una hermanita monja, la hermana María José de la Cruz, que reza ardientemente por mí cada día frente al Santísimo Sacramento, que ha aceptado la invitación que Jesús y María le hicieron para sostener a la Iglesia con su oración, y que sin temor lo ha entregado todo por las almas.

María Ester Lira Delgeon.

RELATED ARTICLES
- Advertisment -

LO + ÚLTIMO DE JC