La hermana María Dolores, clarisa capuchina en Murcia, nos escribió una carta a “Confinadas por amor”, sobre el Silencio, la VOZ DE DIOS.

Quiere dar a conocer la relación del silencio y la libertad y, con ello, la necesidad que todos tenemos de momentos únicos para escuchar a Dios. Esa necesidad de escapar del ruido del mundo que nos envuelve a diario.

Transcribo la carta y deseo que despierte en vosotros las ganas de buscar momentos de silencio.

Hay algunos hombres y mujeres que se retiran del mundo porque quieren luchar por ser libres. Son los monjes y monjas. Ellos han escuchado la voz de Dios, que los llama a esa vida y quieren vivir esa aventura profunda y sinceramente.

¿Cuál es la llave de esa libertad? Es el silencio. El silencio es un valor que nos enriquece a todos; se parece al sol y al agua. El sol no se alumbra a sí mismo, tampoco el agua cae para sí misma. El silencio es la bienvenida que Dios nos da dentro de nosotros mismos. Pero también tenemos que decir que el silencio nos encara contra nuestro desorden interior. Normalmente, el silencio no nos gusta. Hoy vivimos cargados de medios de comunicación porque queremos vivir hacia fuera de nosotros mismos.

Son pocos los que están dispuestos a declararse a sí mismos una rebelión, no una revolución. ¿Cuál es la diferencia? Una persona revolucionaria es aquella que no está de acuerdo con las estructuras y sistemas sociales, con el gobierno. Pero una persona en estado de rebelión es aquella que no está de acuerdo con ella misma, contra su desorden interior.

Para emprender esta lucha, necesitamos silencio. Necesitamos liberarnos de nuestros abundantes medios externos de comunicación. Para poder viajar a esa franja interior que todos tenemos, que se llama soledad. Es allí donde cada uno nos encontramos solos, como somos, no como nos gustaría ser. Esta verdad la comprendió muy bien San Agustín de Hipona. Él buscaba a Dios, que es la plenitud infinita y eterna, fuera de sí mismo. Pero un día, Dios se compadeció de él y le dijo: “Agustín, ¿por qué buscas fuera lo que tienes dentro?”

Desde aquel momento, Agustín tuvo la valentía de entrar en esa zona personal que llamamos soledad y allí se encontró con Dios, que es el único que tiene acceso a esa franja de soledad. Desde entonces, sólo le interesaba conquistar a Dios. Pero pronto cayó en la cuenta de que eso no era posible porque conquistar a Dios sólo es posible en la medida que nos dejamos conquistar por Él.

Nuestro cuerpo es nuestro hogar, pero también tenemos que decir que es nuestro lugar de guerra. Desde el momento que somos cuerpo espiritualizado nos vemos obligados a luchar para vivir, bien como nos gusta sentimos y queremos, o luchar para vivir como quiere Dios, que es vivir buscando su gloria y la nuestra. La diferencia del cristianismo con otras religiones es: fuera del cristianismo, nuestros hermanos buscan llegar a su Dios a través de sus oraciones, sacrificios y fidelidad a sus leyes religiosas. Mientras que los cristianos tratamos, no de buscar a Dios, sino de caer en la cuenta de que nuestro Dios ha venido a buscarnos en Jesucristo, que es Dios a nuestro alcance”.

@confinadasporamor

Artículo anteriorVídeo que muestra una menor cristiana es convertida al islam
Artículo siguienteTestimonio de conversión de Mikel Azurmendi, ex miembro de ETA