Hola Jesús,

Pues aquí estoy. Un día más de verano. Delante de Ti.

¿Cómo estás? Hace bastante que no te lo pregunto y es que… Siempre soy yo, yo y yo. Siempre contándote mis rayadas. Mis movidas.

Hoy te quiero preguntar a Ti, ¿cómo estás? ¿Cómo estás EN mí? ¿Cómo me ves?

¿Te sientes cuidado? ¿Te estoy cuidando? ¿Te estoy queriendo? 

No sé… A veces me da la sensación que se me hace un poco bola… Y es que en verano todo es más complicado..

A pesar de que tengo más tiempo para estar Contigo, para quererte, para servir, para valorar los pequeños grandes regalos que me pones en mi día a día…
Estoy ¡¡DESCONECTAODESCONECTAO!!

 

Así empezaba mi libreta de oración del verano pasado.

Y es que… ¡QUE NORMAL QUE NOS PASE ESTO!

Amigos, comidas, helados, cenas, copas, guitarras, puestas de sol, viajes en coche cantando a todo pulmón, … Sí. Genial. Y llegamos al final del día y… ¿Dónde me he dejado a Dios?

Si te crees que eres el único al que le pasa esto, te equivocas. Nos pasa a TODOS. A TODOS, TODOS.

¿Y por qué? Porque llegan los planes improvisados, las escapadas, los líos, el “¿qué hacemos hoy?”. En otras palabras, nos salimos de la “rutina”. Se rompe nuestro horario y cada día es distinto.

«Jesús, te estás aburriendo conmigo. Estoy yendo a mi bola.»

Y es que al igual que en verano seguimos queriendo a nuestros padres y amigos, sería bastante incoherente dejar de tratar a Dios.

¿No te parece?

Al final del verano pasado escribí algunas notas que me ayudaron a estar más cerca de Él.

Os las he reescrito.

Se pueden resumir en que Jesús nos quiere VIVOS.

Nos quiere VIVOS de amor a Él. Es muy tocho pensar que cada día te está esperando.

Sí: en esa capilla o iglesia, en esa Misa u Hora Santa. Te está esperando a TI. Solo hace falta que repitas de corazón: “soy Su favorito. Soy Su favorita.”  Y te dejes llevar.

Cuando interiorizamos bien la profundidad de estas palabras: ¡ESTÁS QUE TE QUEDAS EN EL SOFÁ!  Y es que… a toda vela vas, QUIETO DEL TODO: que importante es parar.

Que bestial que vivamos esos ratitos con Él, ya sea en la Misa, en una Hora Santa o donde sea, como lo que realmente son: ¡un fiestón!

¡¡Que regalazo que podamos estar de FIESTA (en mayúsculas) cada día!!

Ese momento de estar con Él, tranquilo, relajaoo, relajaoo, es sin duda, lo mejor del día. Parar un momento.  Pedir ayuda, pedir perdón, pedir que te ayude en ese problema o propósito.

Mirar. Dejarte mirar.

Hablar. Dejarle hablar.

Abrazar. Dejarte abrazar.

Suspirar. Todo puede esperar.

Eso es amar.

Sencillamente: estar.

Peeeero varían las situaciones, cuando vemos que, efectivamente, estamos fríos. 

1. Si vemos que puedemos volver a “enganchar” con Él por el ambiente en el que estamos, pero que cuesta un poco al principio, lo mejor es intentar montar plan con amigos. Plan de Misa y después se va a desayunar con unos cuantos. O de Hora Santa y después unas cerves. ¡Con amigos todo es más fácil! (a mi me sirve mogollón)

2. Puede pasar también que en el sitio donde veraneas, tus amigos no sean “demasiado creyentes”, o el ambiente sea un poco más complejo. En ese caso: búscate la VIDA. Si si, tal como lo has leído: te toca buscar VIDA.

«¡BÚSCATE LA VIDA!»

Intenta enterarte cuál es la “parroquia más top” (interprétese bien: a la que va más gente joven y te puede ayudar más al principio). Quizá hay una Misa de jóvenes o se monta alguna Hora Santa. Infórmate 1000×1000. Piensa que, probablemente, a pesar de que al principio te dé pereza ir solo, acabarás conociendo 100% a mogollón de gente.

3. Situación LIADA. “Estoy en un pueblo en el que hay Misa un domingo si y un domingo no. Somos 12 familias en todo el pueblo y soy el único “colgao” que normalmente va (y me está costando mogollón)”.

¿Pues sabes qué?

Molas.

Amar sin sentir: eso si es amar. Cuando estemos CASADOS y con hijos, si Dios quiere, estoy seguro de que habrá mil cosas que nos costarán un montón… y muchas veces no nos va a apetecer nada hacerlas.

Desde cambiar pañales 24/7 a levantarnos a las 2, 3, 4 y 5 de la madrugada cada día, pasando por los mil recados después de volver de currar… ¡Y lo haremos felices! Cansados y fríos, pero alegres y llenos de amor a nuestra mujer e hijos.

¡Pasa parecido con Dios! Si te sirve, coge el ejemplo que te acabo de poner y cuando estés dudando sobre si coger un coche y hacerte tus 20 minutos para ir a verle, repite 20 veces: “¡SOY TU FAVORIT@!” 

¡Y al lío!

Insisto mucho en lo de sabernos sus favoritos, ya que, una vez entendemos bien el significado real de ser Hijos de Dios, todo se revoluciona una pasada.

El Jefe nos quiere VIVOS de AMOR a Él, pero se le cae la baba cuando somos VIDA y AMAMOS con locura a las personas que nos rodean.

Es bestial darnos cuenta de que podemos encontrarle y acercarnos a Él, viviendo por y para los demás. Y es aquí donde, en mi opinión, algo que nos puede ir fenomenal este verano es el SERVIR y el RESPETAR.

SERVIR EN VERANO

El concepto de servir cada vez está menos de moda. Cada vez tiene una connotación más peyorativa. Un día os voy a escribir sobre este tema, pero tenemos que desterrar de nuestra mentalidad que un “tío” que vive sirviendo es “inferior, débil, un pagafantas, o no sabe qué hacer con su vida”. Una persona que se dedica a servir, es una persona que es capaz de negar su propio yo y lo que le apetece hacer en ese momento, para regalárselo a los demás.

Que es capaz de renunciar, sabiendo que escoge lo que le lleva a hacer más feliz a la gente que quiere. Que es capaz de disfrutar viendo como otros disfrutan.

Una persona que vive sirviendo es un DISFRUTÓN. EN MAYÚSCULAS y negrita.

Servir es preparar el desayuno, escuchar a un colega cuando no apetece, montar un crowdfounding para poder ir a ver a tu novia de sorpresa a la otra punta de España.

Servir es llevarle un helado a tu padre cuando llega de trabajar, acompañar a tu hermano en coche, beberte una Coca-Cola en unas copas para poder llevar de vuelta a casa a tus amigos en coche. Servir es mandar un WhatsApp de buenos días, llamar a tu abuela para decirle que la quieres, pintar una pared hasta las 3 de la tarde, ofrecerte para organizar un voluntariado.

Servir en verano, es simplemente ESTAR. Estar para que las personas que quieres puedan descansar. Y tú, sencillamente, disfrutar viéndolas disfrutar.

Y efectivamente: ¡HAY TIEMPO PARA TODO Y PARA TODOS! Guarda también tiempo para ti. Un buen libro, un paseo viendo el atardecer en la playa, ratos de guitarras,…

RESPETAR EN VERANO

En este punto no me voy a enrollar: también da para un artículo entero.

Te lanzo solo las 3 preguntas que me hago durante el verano.

Son mi must diario.

Son estas:

1. ¿Me estoy respetando a mí mismo? ¿Soy coherente con lo pienso y creo? (Comentarios que hago, actitud en unas copas, planes, temas de conversación, ambientes…)

2. ¿Estoy queriendo a mis amigos intentando que no pierdan el respeto hacia ellos mismos y hacia los demás? (no en un afán controlador: ¡VIVA LA LIBERTAD SIEMPRE! En un afán de quererles ayudar y quererles más santos.)

3. En los planes que hago: ¿estoy respetando y en consecuencia queriendo de verdad a las chicas que tengo delante? ¿Cómo las estoy cuidando y mirando?

No me quiero enrollar más, vaya chapa.

Concluyendo, a modo resumen, 5 IDEAS:

  • El Jefe nos está esperando y estamos empanados.
  • El ambiente influye pero no determina.
  • Puedes VIVIR de fiesta cada día.
  • SERVIR es DISFRUTAR, o al revés. Dale vueltas.
  • RESPETAR(se) lleva siempre a AMAR(se).

Viva la vida, seguid disfrutando DISFRUTANDO del verano y… ¡JALEITO A SACO!

Un abrazo,

Folch

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