Este tesoro del ministerio lo llevamos en vasijas de barro, para que se vea que una fuerza tan extraordinaria es de Dios y no proviene de nosotros. Nos aprietan por todos lados, pero no nos aplastan; estamos apurados, pero no desesperados; acosados, pero no abandonados; nos derriban, pero no nos rematan; en toda ocasión y por todas partes, llevamos en el cuerpo la muerte de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestro cuerpo. Mientras vivimos, continuamente nos están entregando a la muerte, por causa de Jesús; para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestra carne mortal. Así, la muerte está actuando en nosotros, y la vida en vosotros. Teniendo el mismo espíritu de fe, según lo que está escrito: «Creí, por eso hablé», también nosotros creemos y por eso hablamos; sabiendo que quien resucitó al Señor Jesús también con Jesús nos resucitará y nos hará estar con vosotros. Todo es para vuestro bien. Cuantos más reciban la gracia, mayor será el agradecimiento, para gloria de Dios.

Queridos amigos, este pasaje que leemos hoy me gusta especialmente. La fuerza que tenemos proviene de Dios, la nuestra es muy limitada. Acostumbro a ver muchas veces cuando decimos: “llegaré hasta donde quiera, mi fuerza me lo permite”. Cuánto más sencillo sería decir: “Señor, con tus fuerzas y no con las mías”. En muchas ocasiones sufrimos angustia o tribulación a causa de algún problema que estemos atravesando, pero debemos saber que en ello no estamos solos: El Señor Jesús nos acompaña; ¡y además no poco, si no en cantidad!. Jesús solo sabe dar en cantidad, nadie lo gana en generosidad, y más aún cuando se trata de ayudar a todos los que ama.

Siempre observé una diferencia muy grande entre las personas que van con Cristo y las que van sin Él. Creedme que se aprecia. Aquellas personas que están alejadas de Jesús (incluso los que creemos y en épocas nos alejamos) se nota, parece que todo pesa, todo va cansado y forzado. Sin embargo, con Jesús todo es diferente, el amor está patente en la vida, y hasta parece que todo es más bello y resplandeciente. Y realmente creo que es así.

Pero evidentemente todos debemos llevar la Cruz, que a veces pesa tanto y se es tan cansado. Pero ojalá ello no sea óbice para seguir caminando juntos, junto al Señor que a buen seguro nos manda mucho ánimo.

Carlos García Moreno

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