¿Alguna vez has experimentado este sentir? Yo sí,…en varias ocasiones.

Especialmente en esos momentos en los que pensé que “el mundo me caía encima” y la angustia me gobernaba. Pensaba que las cosas no salían como yo quería o que sucedían de la forma más inesperada. Y, claro, hasta me llegué a cuestionar el seguir orando porque consideré que mis rezos no rendían fruto.

Lo curioso es que, con el tiempo, escuchando y leyendo muchos testimonios (inclusive de santos) fui descubriendo que esta experiencia era más común de lo que pensaba. Muchas personas, a lo largo de la historia, se han sentido “abandonadas” por Dios; incluso en la Biblia podemos notar algunos ejemplos (Jeremías 12, 1 – 4, Isaías 49, 14).

Las razones pueden llegar a ser muy personales; podría ser que viviste algo muy duro o que por alguna razón te has alejado de la práctica espiritual. Lo cierto es que todos podemos llegar a experimentar estos baches en la fe. Pero la gran duda aquí es: ¿realmente Dios podría abandonarnos?

La respuesta es súper sencilla: “no”. Y te voy a explicar por qué…

Todos hemos sido creados como fruto del amor de Dios; si no fuera así simplemente no existiríamos. En Isaías 49, 15 – 16, Dios nos dice:

<< ¿Puede una mujer olvidarse del niño que cría,

o dejar de querer al hijo de sus entrañas? Pues bien,

aunque alguna lo olvidase, yo nunca me olvidaría de ti.

Mira cómo te tengo grabada en la palma de mis manos (…) >>

Y esto mismo que dijo el Señor en ese entonces, lo sostiene ahora como una promesa viva: Él tiene grabado tu nombre en la palma de Su Mano. Así que, en definitiva NOÉl nunca nos abandona. Somos nosotros los que podemos llegar a sentirnos así por experimentar, como lo dije anteriormente, un bache en la fe.

Quizá, en medio de un mal momento, no vemos las bendiciones que Dios nos ha dado y nos enfocamos sólo en considerar aquello que no nos fue concedido o que fue apartado de nosotros. Se nos olvida que Dios, mejor que nosotros, sabe qué es lo que nos acercará a Él. Pero, también sabe qué es lo que nos alejará de nuestra salvación.

Desde nuestra visión “humana” generalmente buscamos un bien inmediato, pero Dios, en su omnipotencia, lo ve todo con enfoque eterno y Él quiere que seamos santos, porque para ello hemos sido creados; así es que permitirá que suframos ciertas experiencias de purificación con el pleno entendimiento de que al superarlas demos un paso más hacia la santidad.

Con el tiempo nos daremos cuenta que es así, a mi me pasó, en toda dificultad crecí, maduré y descubrí Su Bendición. Estoy segura que te pasara lo mismo, confía en Dios.

Recordemos siempre que la única oración que Dios no escucha es la que no se hace. Así que cada vez que sientas que has sido abandonado: ¡ORA! y recuerda que Dios está a tu lado. Aprovecha estas oportunidades para rogarle que te haga ver Su Obra en tu vida y con humildad suplícale que te recuerde cuanto te ama. Por último, reflexiona y espera, el dolor pasa y la pena se sana. Aférrate a tu fe y abrázala, pon en Manos de Dios tu vida y verás como Él hará en ella: ¡maravillas!

Oro por ti,

Myriam Ponce

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