Tarde seminublada, uno de mis lugares favoritos: un café en el cual disfruto mucho estar, el inicio de unas merecidas vacaciones. Mientras preparaba algunos trabajos de mi proceso de titulación me encuentro con un panorama, hoy en día, muy peculiar: un par de personas sentadas frente a mi mesa (alrededor de 5 o 6), pero hay algo peculiar: uno de ellos utiliza kipá (gorra ritual usada tradicionalmente por los varones judíos), y eso le da la inspiración a este artículo.

Tal vez no conozco a ninguno de aquellas personas que estuvieron sentadas en esa mesa, pero la forma en que se les podía ver conviviendo, parecía que ahí no había un judío, un católico, un cristiano o tal vez hasta un ateo, ahí lo que se notaba es que había una amistad de por medio, risas, conversaciones fluidas, rostros poniendo atención, ahí estoy seguro que estaba Dios en medio.

Y es que realmente es una situación para reflexionar: creo firmemente que es así como Jesús nos sueña, como el Padre quiere que estemos, juntos, reconociendo nuestras diferencias, pero que precisamente estas nos acerquen y no nos alejen, al mismo tiempo compartiendo aquello que nos una, y que eso que une, sea algo más fuerte.

En estos tiempos donde predominan las banderas plasmadas en el frente de nuestras camisetas: aquellos que defienden una cosa y repudian otra, aquellos que toleran lo que conviene y lo que no lo señalan con gran fuerza, se debería hacer una pequeña pausa y poder ver primero todo el trasfondo que acompaña a aquellos que no piensan igual que uno.

No quisiera que mi artículo pareciera una especie de invitación al relativismo, pues es claro: lo que está bien, es así, y lo que no, se tiene que corregir. A lo que quiero dirigirme es a poder tener una especie de recordatorio a través de esta lectura: Jesús nos sueña juntos, como comunidad, y a nosotros, como jóvenes católicos, nos invita a primero unirnos, en medio de los diferentes carismas de la Iglesia, y siendo así, nos invita a aceptar las diferencias, y en medio de ellas, construir puentes hacia quienes piensan diferentes. Construir, no destruir.

Jesús nos sueña juntos, como hermanos, deseando y ayudando a acercar a su proyecto de Salvación a todos. A todos.

Abraham Cañedo

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