Hay dos tipos de guerras. Las de carácter internacional, que enfrentan a distintos países, cuya finalidad es imponerse al enemigo y adquirir o defender territorio. Éstas son consideradas guerras patrióticas o anti-imperialistas, dependiendo del punto de vista desde el que se las mire. Luego están las guerras de base ideológica, que en muchos casos son guerras civiles, y enfrentan ideologías o intereses. En ocasiones se las denomina «revoluciones», como la Revolución francesa, la Guerra de Secesión americana, la Revolución rusa de 1917 o la Guerra civil española. Las guerras de base ideológica tienen un plus de crueldad, ya que se desarrollan en un escenario limitado y su finalidad no es el territorio sino eliminar al adversario.

Frecuentemente la post-guerra es más cruel que la propia contienda. La revolución de los jemer rojos en Camboya fue una de estas guerras de tipo ideológico, basada en una de las variantes más primitivas del comunismo: el comunismo rural. Durante cuatro años Pol Pot, un maestro educado en Francia, dedicó a la población de Camboya al cultivo del arroz; éste era vendido a China a cambio de armamento. Un acuerdo muy favorable para China, siempre necesitada de alimentos para su enorme población, mientras que el pueblo camboyano moría en los campos de reeducación a causa del hambre y las enfermedades.

Denise Affonço es una francesa nacida en Camboya, de padre francés y madre vietnamita. Casada con un chino, Chen, su esposo simpatiza con los jemer rojos y cuando estos toman el poder no desea abandonar el país. Él será el primero en ser eliminado. Le siguieron la hija de ambos, Jeannie, y la hermana de Chen con sus cuatro hijos. Después de cuatro años de horror, la intervención en Camboya del ejército vietnamita pone fin al régimen de Pol Pot. La gratitud de Denise hacia los vietnamitas es inmensa, pero cuando llega a Francia se encuentra con que es políticamente incorrecto hacer apología del régimen comunista de Vietnam.

Denise guarda los recuerdos en el fondo de su corazón y se centra en sacar adelante a su hijo Jean-Jacques. Veinte años más tarde se enfrentará a un profesor que niega el genocidio en Camboya y Denise se decide a poner por escrito sus recuerdos de aquel periodo. Recuerda que cuando los jemeres rojos entraron en Phnom Penh, la capital, le llamó la atención que muchos de ellos eran muy jóvenes, casi niños.

Es la primera mención que tenemos de los niños-soldado que luego se harían célebres en África. Desde 2006 existe un Tribunal internacional para juzgar los crímenes cometidos por los Jemer rojos.

Reseña de Juan Ignacio Encabo para Club del lector

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