jueves, septiembre 16, 2021
Confinadas por Amor
InicioTESTIMONIOSFe es una actitud de vida

Fe es una actitud de vida

Hace poco, el día 16 de julio, hice mi primera profesión religiosa en la Congregación de Hermanas Carmelitas Teresas de San José. Eso no quiere decir que todo en mi vida de fe haya sido color de rosas. Como muchas personas he pasado por momentos de alegría y por momentos de desolación donde me he cuestionado la presencia del Señor. Sin embargo, en esos momentos difíciles cuando todo es oscuro es cuando he sentido la presencia del Señor con más fuerza; a un Dios cercano que me acompaña en mi fragilidad dándome muestras de cariño por medio de personas con nombres y rostros concretos. Esas personas se han convertido para mí en verdaderas cartas de Dios.

Lo anterior es lo que me lleva a pensar que Dios está presente en todo lo que nos rodea y en todo lo que hacemos, desde que nos levantamos por la mañana hasta que nos abandonamos al descanso de la noche. Sentir la presencia de un Dios que está con nosotros no sería posible sin la fe.

La fe desde el Catecismo de la Iglesia Católica se entiende como una virtud teologal que nos permite creer en Dios y en todo lo que nos ha revelado. Para mí esta definición que nos propone la Iglesia es como el “punta pie inicial” de nuestra experiencia de fe, pues cuando creemos en algo nos preocupamos de conocerlo, y el conocimiento nos lleva al amor, y el amor enciende en nosotros el deseo de entregarnos a Dios y cumplir su voluntad.

Pensar en mi experiencia de fe es recordar cómo ha sido mi trato con Jesús a lo largo de mi vida. No puedo negar que me he sentido bendecida y amada por Jesús al regalarme el don de la fe porque desde pequeña he creído en Dios y escuché hablar de Él. Eso fue lo que despertó en mí el deseo de conocerle, de interesarme por saber quién era, primero por medio de lo que otros me contaban, y luego, a medida que iba creciendo ya no me acercaba a Jesús por lo que otros me decían, sino por lo que yo misma iba experimentando. Recuerdo que cuando aprendí a leer me acercaba a las Escrituras para saber más de Jesús. Gracias a la lectura de la Palabra lo reconocía como un amigo que estaba conmigo, que me escuchaba y que me consolaba cuando estaba triste. A la edad de los 11 años comencé a prepararme para mi Primera Comunión y me acerqué a los mandamientos, y la forma de relacionarme con Jesús fue cambiando, pasando de lo más superficial a lo más profundo, pues comprendí que Jesús era el amigo a quien debía agradar. A medida que he ido creciendo mi fe también ha ido madurando, pues en mi época de juventud cuando me preparaba para recibir el sacramento de la Confirmación me di cuenta de que una fe sin obras me hacia sentir vacía. Eso es lo que me llevó a tener una participación mucho más activa en grupos de ayuda fraterna, recolectando alimentos para los comedores de invierno que se solían hacer en la Parroquia donde yo participaba. Sin embargo, sentía que mi experiencia de fe no se podía quedar reducida a una simple ayuda fraterna. En ese momento sentí el llamado del Señor a contarles a otras personas lo que había visto y oído, y comencé a participar como catequista preparando a los niños para el sacramento de la Eucaristía.

Ahora, siendo Hermana Carmelita Teresa de San José, miro mi vida hacía atrás y descubro que mi experiencia de fe me ha llevado a crecer en una actitud de servicio; a hacer las cosas pensando siempre en el bienestar de mis hermanos porque en ellos resplandece el rostro de Cristo. Hoy, a pesar de las dificultades que aparecen en el camino, a pesar de que muchas veces he dudado y pese a que muchas veces me he cuestionado si el Señor realmente está presente, puedo descubrir la fragilidad humana y darme cuenta de cuán fiel es el Señor; que él nos ama profundamente y siempre busca lo mejor para nosotros, aunque nosotros muchas veces lo neguemos y no queramos saber nada de Él, Él siempre permanecerá fiel, invitándonos a no tener miedo y recordándonos que estará con nosotros hasta el final de nuestros días.

Por eso para mí la fe es confiar y abandonarse a la voluntad de Dios. Así es como también fui descubriendo el llamado a la Vida Religiosa. Desde una vida de servicio hubo un momento en que sentí con fuerza el llamado de Jesús a una misión concreta, pero no sabía donde estaba mi lugar. Me confié y me abandoné en Él. Oré con el deseo de escuchar su voz y cumplir su voluntad y Él poco a poco me fue mostrando el camino. Esa oración confiada me llevo hasta las Hermanas Carmelitas Teresas de San José. Cautivada por su estilo de vida solicité ingresar como aspirante, tras unos meses inicié el postulantado, luego el noviciado y ahora he sellado una alianza con ese Jesús humilde, sencillo, manso, mortificado y lleno de amor por Dios y por los hombres que he aprendido a contemplar en mi oración diaria. Ese Jesús es el que me ha seducido y el que trato de anunciar no sólo por medio de palabras, sino con una actitud de vida.

Como ven la fe va más allá de creer, es una actitud de vida que nos lleva a confiar y abandonarnos en las manos del Señor, pero también la fe es transparentar a Jesús para que otros también lo conozcan y se enamoren de Él.

Hna. Constanza Farías Banto, ctsj

RELATED ARTICLES
- Advertisment -

LO + ÚLTIMO DE JC