Muchos pensamos que para casarnos debemos prepararnos únicamente poco antes del matrimonio, estando comprometidos, con planes próximos de boda o anillo en mano. Es más: hacemos una preparación de unos cuantos días, y simplemente porque es un requisito.

Por el contrario, creemos que la preparación debería ser desde mucho tiempo antes: si estamos en una relación de noviazgo es por que le vemos un futuro juntos. Entonces, qué mejor que hacer un buen discernimiento antes de tomar una de las decisiones más importantes de nuestra vida.

¡Cuántos conflictos y sufrimiento nos evitaríamos si nos preparáramos en profundidad! No se trata de hacer un simple curso, de aprender algunos términos o de hablar un poco de un tema. Debemos profundizar, conocer al otro, aprender a ser transparentes, hablar con total sinceridad y descubrir los anhelos del corazón. Solo así podremos elegir libremente a nuestro compañero de vida.

Como les decíamos en el artículo anterior, existen varios temas a tratar para este discernimiento/preparación. Iniciemos con el primero: expectativas del matrimonio.

Compartir las ilusiones

Los seres humanos constantemente creamos expectativas del futuro, desde cómo será una mañana al lado de mi futuro esposo o esposa, hasta cómo será nuestra vejez juntos. Es muy bueno soñar en grande y tener ilusiones, claro. El problema empieza cuando esas ilusiones no las platicamos con nuestra pareja.

Nos han hecho creer que debemos estar con una persona que, sin más, nos entienda y nos dé lo que necesitamos, o aquello con lo que soñamos. Pero, ¡no somos adivinos! Ningún ser humano es capaz de leer la mente o de adivinar lo que anhela el corazón del otro —de hecho, muchas veces ni nosotros sabemos lo que anhelamos—. Por esto, es importante tener en cuenta que una relación firme y sana se basa en comunicación y conocimiento mutuo, no en expectativas. Y el noviazgo constituye la mejor escuela para aprender a conocernos en profundidad y crecer en comunicación.

Pero entonces, ¿qué hacemos?

Primero que nada, debemos comprender qué es el matrimonio, con una visión realista: reflexionar en su belleza y en sus retos. Así podremos prepararnos de una mejor manera para esta elección, y hablarlo abiertamente en pareja, para soltar las expectativas y visualizarlo juntos.

Les recomendamos que hagan los siguientes ejercicios de manera individual, y que, al finalizar, compartan con el otro sus resultados o respuestas. Busquen un espacio libre de distracciones y preparen una buena cena o bebida para estar cómodos.

Ejercicio 1:
  • ¿Qué es el matrimonio?

  • ¿Por qué es para siempre?

  • ¿Qué prometemos en el matrimonio?

  • ¿Qué significa cada promesa que hacemos ante el altar?

  • ¿Qué significado tiene el ser fiel, y todo lo que implica?

  • ¿Cuál es la misión del matrimonio?

  • ¿Cuál es mi vocación en la vida matrimonial?

  • ¿Por qué dar el paso?

  • ¿Estamos listos para casarnos?

  • ¿Conozco realmente a mi pareja (con sus defectos y virtudes)?

  • ¿Estoy seguro de que es la persona con la que quiero pasar el resto de mi vida?

  • ¿Estoy dispuesto a buscar hacer feliz al otro cada día de mi vida?

  • ¿Estoy dispuesto a elegir a la misma persona cada día de mi vida?

  • ¿Entiendo que existen rutina y retos que no lo harán sencillo?

 Ejercicio 2:

Visualicen como será su matrimonio. Pueden hacerlo a manera de una lista, redacción o dibujo. Deben ser muy descriptivos, desde cómo iniciará su mañana hasta quién preparará la cena.

Algunas preguntas de apoyo:
  • ¿Cuáles son los roles que ocupará cada uno?

  • ¿Cómo esperan que sea estar casados?

  • ¿Cuál sería el matrimonio que te gustaría tener?

  • ¿Qué es imprescindible en ese matrimonio?

  • ¿Cómo sería su día a día?

  • ¿Cómo serían sus vacaciones?

  • ¿Cómo se celebrarían las fechas importantes?

Por ejemplo, Josefer escribió: “Me imagino llegando a casa después del trabajo, saludándote con un beso en la frente, que esté lista la cena. Y, mientras tú la calientas, yo pongo la mesa. Después platicar sobre cómo nos fue en el día, tocaría recoger juntos los platos y lavarlos, y luego ver un episodio de nuestra serie favorita del momento ya en pijama, y acurrucados…”.

* * *

Recuerden que, cuanta más profundidad pongan en el ejercicio, mayor será el conocimiento entre ambos. Sean sinceros y compartan sin miedo. No se pierdan el próximo artículo, en el que platicaremos sobre “Patrones de comportamiento”.

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Publicado en Ama fuerte

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