Novela psicológica sobre las vivencias de una mujer a lo largo de su vida, rememoradas ya en su edad madura. El relato está narrado en primera persona por la protagonista,  Fay Langdon (de soltera, Dodworth), que, ante el fallecimiento de su amiga Julia, recordará los momentos más importantes de su vida: “Procuro no pensar demasiado, aunque supongo que tengo tanto que pensar como cualquiera. En todo lo que ya no está. En todo lo que he perdido. Pero después me recupero, de una forma u otra. La verdad es que he sido afortunada: nada me ha hecho perder el equilibrio, tan importante para quien al menos intenta conservar la dignidad” (p. 19). Así, de forma retrospectiva, desde la vejez, va rememorando acontecimientos, relaciones, trágicos sucesos que han marcado su existencia, narrados de forma minuciosa aunque no siempre en orden cronológico.

Por su mente, pasan los años de la infancia y el apoyo incondicional de sus padres, una familia de clase media que vivía en el distrito de Camberwell al sur de Londres, donde su padre era gerente de una sala de cine: allí las películas les descubrían un mundo de lujo y extravagancias que colmaba sus aspiraciones. Luego, con su bonita voz, disfrutó de una cierta fama como cantante en la radio en los años 40 y 50; pero, al casarse y a petición de su marido, tuvo que dejar este trabajo y dedicarse en exclusiva a su matrimonio: una unión desigual con un abogado de cierta fama y de mayor nivel social que ella, con el que contrae nuevas relaciones sociales. Así conoce a su socio del bufete Charlie y a su esposa Julia, una célebre actriz ya retirada, de familia militar aristocrática. Julia, una mujer de fuerte carácter, una diva déspota, once años mayor que Fay, ha generado a su alrededor una “corte femenina” que se convertirá en el centro de la narración.

La autora británica, Anita Brookner ((1928-2016), describe así el universo femenino de una época, mediados del siglo XX, que recoge “vidas breves” como indica el título; quizá vidas ordinarias, cotidianas, poco significativas, con alegrías efímeras y tristezas, enfermedades y pérdidas, matrimonios sin hijos, falta de creencias religiosas, que generan sentimientos encontrados, donde la protagonista se muestra a sí misma y su forma de ver a los  demás de un modo exhaustivo. En esta novela, como en otras de sus obras, afirma la crítica  que la autora refleja rasgos autobiográficos: no tuvo hijos, llevó una vida solitaria, quizá reprimida en sus emociones, que supo plasmar de forma rotunda en sus narraciones.  En definitiva, se trata de una obra o una vida impregnada por la visión de la vejez,  una vejez vacía y en soledad, viuda, sin hijos, sin amigos, marcada por la falta de luz en el camino elegido, por la desilusión y la frustración: una mujer que llena sus horas en el Servicio de Voluntariado Femenino porque carece de fe, de creencias, de vida espiritual, donde no hay nada trascendente.

Reseña de Ana María Díaz Barranco para Club del lector

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