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Abrazar a Jesús confiando en sus planes

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Abrazar a Jesús confiando en sus planes

Así quiero empezar con mi testimonio de Fe, y qué mejor que delante de Él, en el Santísimo. Aquí es donde mejor puedo sentirle, escucharle y entender lo que Él quiere de mí.

Desde chica me enseñaron bien quién es Jesús, ese amigo al que le puedo contar mis cosas, el que siempre me espera. Me acuerdo que todas las mañanas, iba al encuentro con Él en la capilla de mi colegio… ¡Qué recuerdos! Y ahora, unos años más tarde, siendo ya universitaria, os puedo asegurar que tenemos la misma relación, e incluso mejor. Es cierto que los años pasan para todos, maduramos y nos damos cuenta de cosas que quizás antes no entendíamos, pero la fe es el pilar fundamental para entender todo lo que llega a nuestra vida.

Es evidente que las dudas, las preocupaciones o los miedos toquen nuestro fondo, pero en estas situaciones he aprendido a dejar todo en manos del Señor. ¿Por qué desconfiamos cuando más tenemos que confiar? La voluntad de Él es lo que fundamenta nuestros días. Como dice San Agustín, “Señor, concédeme lo que me pidas y pídeme lo que quieras”,  porque puede que no entendamos por qué Dios nos ha querido dar eso, pero debemos tener siempre presente el para qué nos lo ha querido dar. El secreto de todo, el plan del Señor en mí. Lo que un día fue tormenta, acabó siendo un rayo de sol.

Es primordial, abrazar al Señor día tras día, y aún habiendo abrazado ya, no dejar de hacerlo. Porque en el super abrazo que nos damos con Jesús está el amor que necesitamos para vivir, para seguir y para darnos a los demás. Cultivar el amor, es la base de la fe que necesitamos. La palabra fe es confianza, es saber ponerle el sentido a los planes del Señor. Y quizás no entendamos los planes hoy, pero mañana seguro que sí.

Poner en práctica el verbo confiar, es nuestra misión en la vida. Dejarnos llevar por Él, y de este modo dejarlo todo en sus manos, no preocuparnos demasiado por las cosas… porque Dios nos quiere dar lo mejor a todos. Siempre digo que todos somos los mejores, y los mejores nos merecemos lo mejor. El truco está en ser nosotros mismos, cuidar el regalo que tenemos cada uno, ese que nos ha dado.. y ¡qué afortunados somos! Me encanta pensar que por amor a cada uno de nosotros, todos tenemos un camino y una verdad. En conclusión, un plan y un propósito en esta vida.

Un plan desde el minuto uno que fuimos concebidos, porque en ese mismo instante empezamos a ser, y a tener una vida por delante. Esa que Él ha querido que tengamos. Y está claro que no es fácil llevar el plan, porque siempre somos nosotros los que queremos llevar las riendas de nuestra vida, a la manera que nosotros queramos, y en este momento es cuando hay que dejar que entre. Dejar que sea, dejar llevarnos por Él, ser el verdadero amor que somos, la mejor versión de nosotros mismos con Él. Sonreír y agradecer, siempre con la palabra Dios en nuestros labios.

Es evidente que la palabra fe mueve montañas, “lo imposible puede ser posible”, y los “todo pasa por algo” tienen más sentido que nunca.

La fe es ahora, en este minuto que estás dedicando a leer mis palabras, es dejar los miedos y seguir caminando. Es afrontar los días de la mejor manera, y confiar en que mañana todo habrá pasado. Es decir “Jesús, te quiero”, “Mamá, gracias por mirarme como me miras”. Es rezar cuando todo va bien o cuando algo va mal, es hablar con Jesús y agradecerle lo que tienes, pedirle por tu amigo, tus padres o tu hermana.

Es saber que de su mano, todo irá bien.

La fe es amor, confianza, paz y esperanza. Si nos acostumbramos a realizar actos de amor, de servicio hacia los demás podremos vivir muy felices, y además estos siempre encenderán el alma del prójimo.

Créeme, vivir en este amor merece la pena y la vida.

Marta Conejo Guerra.