Un viaje sin vuelta. Así es como describiríamos el regalo con el que hemos tropezado. Este pequeño paso por Oviedo nos ha tocado en lo hondo, nos ha acariciado lo que muchas veces olvidamos que tenemos: el corazón, el alma, lo más íntimo de cada uno, como quieras llamarlo.

Haciendo maletas y arrancando los motores de los coches rumbo a Asturias no éramos conscientes con el «voluntariado» que nos íbamos a encontrar. Y sí, lees bien, voluntariado entre comillas. No somos capaces de nombrar esto un voluntariado, y es que aquí las voluntarias no hemos sido nosotras, sino que han sido ellos: pequeños valientes que ante un cáncer se han convertido en luchadores de primera. Quizás (y ojalá) hayamos aportado alegría, diversión, naturalidad y desconexión de la burbuja en la que muchos se encuentran como consecuencia del cáncer. Pero esto no tiene punto de comparación con la inmensidad de mensajes que ellos nos han lanzado y transmitido inconscientemente.

Sonrisas en rostros con sufrimiento. Gestos impactantes de apoyo entre ellos. Palabras de esperanza en esta lucha. Actitudes con una abudante naturalidad, aplastando el término limitante del «ser un enfermo». Fuerza inexplicable en superarse cada día, combatiendo contra aquello que les quita vida. Una valentía fascinante de los padres en ser los guerreros que guían la batalla. Abrazos de los que te dejan helada, pero con una llama ardiente interior. Miradas que, sin decir palabra alguna, te llenan de paz y serenidad.

Con todo esto, y mucho más, nos han ido hablando de lo que realmente importa: AMAR Y SER AMADO. Todos ellos llevaban un cartel impregnado en la frente, o mejor dicho en el alma, que dice: luchador incansable de carne y hueso. Escuchabas en ellos el lema de: lucha día tras día por lo que quieres. Y, en su caso, veías cómo luchaban por la salud, por la vida.

Han sido unos días en los que, al estar embaucadas por estos guerreros, no hemos tenido ocasión de pensar en nosotras mismas, en nuestras cosas; y la alegría y paz que nos llenaba era sobrenatural, impensable, incalculable, indescriptible. Olvidándonos de nuestras «movidas», deseos, gustos, apetencias y de nosotros mismos es cuando empezamos a palpar un poco de la felicidad, de la buena, de la interior, de la que perdura.

Gracias, gracias y gracias Asturias, Oviedo, Galbán, Maca, Paula, Martina, Lolita, Carlitos, Isa, Luís, David, Gema, Claudia, Lucas, Noe, Belén, Iraia, Irene, Ainara, Lía, Mía, Ainhoa, Álvaro, Rodrigo, Mykhailo, Ramón, Sergio, Montealegre, Jaime, Ixi, Joana, Judith, Aina, Sonia, Laura, Gaby.

Hasta pronto,
Marta A.

 

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