lunes, octubre 25, 2021
Confinadas por Amor
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En Tus manos, mi Fe

Mi nombre es Fátima, tengo 20 años y soy de un humilde pueblo cordobés. Para mí la concepción de la vida no tiene sentido sin la fe.

En mi caso, desde que tengo conocimiento mis pasos en la vida han ido acompañados de la mano de Jesús. Es curioso, porque no nací en el seno de una familia especialmente católica. Y es que a veces, el Señor nos llama sin ningún tipo de explicación y nos acoge como si fuéramos cervatillos que buscan refugio de la tempestad. De mi infancia, tengo muchos recuerdos que perviven en mi memoria. Como la ternura y el cariño con que mi catequista Isabel trató de sembrar en nosotros la semilla del árbol frondoso de la fe, haciéndonos mejores personas. Y recuerdo con mucho cariño a mis vecinos, que ya guardan la gloria en el cielo, por enseñarme a mantener la fe y querer a Jesús y la Virgen María de la manera tan bonita como lo hacían ellos.

Pero a veces, mostrar la fe notoriamente hizo que compañeros tuvieran comentarios desagradables, aunque eso no me hacía mostrarme menos. Sino todo lo contrario, me causaba tristeza no encontrar reflejado en sus corazones el amor hecho definición. Y es que a veces, no se trata de entender nada, sino simplemente sentirlo. Porque la fe no hace que las cosas sean fáciles, hacen que sean posibles. Y por supuesto, que aparecen momentos en nuestra vida que nos debilitan y que el miedo se haga dueño de nosotros. Pero este mismo miedo se hace efímero cuando abrimos el corazón y buscamos en el silencio a Dios, mientras la paz y la tranquilidad llenan cada una de nuestras oraciones. Porque no estamos ante un Dios que decida por nosotros. Como dejó escrito en sus diarios, nuestra querida Cris Gaztelu “Tú me guías, yo decido”. Y por eso nunca nos abandona en nuestras decisiones, es el soporte que nos sostiene cuando desvanecemos, pero también quien se siente orgulloso de nuestros logros. Nos acoge por igual cuando estamos perdidos, salvados, desvalidos y oídos, pero también ignorados. Es el pozo seco del que brota el manantial de vida eterna. La vida hecha magia, lo que da sentido a lo inexplicable, lo verdaderamente real y la certeza del amor. Aunque a veces nuestros miedos nos hagan débiles y la llama de la fe se haga frágil, Él siempre va a estar ahí para esperarnos. Porque la fe nunca conoce derrota, crece y se fortalece en la dificultad, es la certeza de las cosas que se esperan, la convicción de lo que no se ve. Y es que, aunque no tengas fe puedes llegar a tenerlo todo.

Fátima Rabasco Ruiz

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