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Carta a Dios de una monja de clausura

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Carta a Dios de una monja de clausura

Hace unas semanas, el equipo “Confinadas por amor” recibimos una carta de María Dolores Otero, hermana del Monasterio de Clarisas Capuchinas en Murcia, dirigida a Dios y que, por su gran preocupación para que la vida contemplativa no se apague, nos pidió publicar. En la vida de clausura, el trato con el Señor es muy íntimo y es ahí donde hace oración por todos nosotros.

Seguro que será un regalo para muchas personas y puede ayudar a discernir la vocación a otras.

“ Querido Padre Dios, Tú eres el Bien y la Paz:

No tengo el gusto de conocerte pero recuerdo que tu Hijo Jesús, un día nos dijo que quien lo veía a Él, te veía a Ti. Por él sabemos que eres bueno y padre de todos los hombres.
La verdad, papaíto Dios, es que llevo mucho tiempo con ganas de cambiar una petición del Padre Nuestro, aquella bella oración que Jesús, nuestro hermano mayor, nos enseñó con respeto, atención y cariño infinito.

Mi querido Dios, te soy sincera y te digo, por favor, que me permitas cambiar esa frase que dice: “Danos hoy nuestro pan de cada día”.

Yo no quiero pedirte a Ti pan, mientras gasto en mil cosas que no son necesarias. Tú, que lo ves y lo sabes todo, eres testigo de que tengo más ropa de la necesaria, más zapatos de los que necesito. Que tengo dinero para viajar, comer variado y cambiar de coche cada año.

Hoy, Padre nuestro, Dios, quiero pedirte pan para mis hermanos del Tercer Mundo, para los 6 millones de niños que mueren al año, para los 800 millones de personas que mueren al año de hambre, por falta de alimento.

Papacito Dios, ¿Qué debemos hacer para que se nos mueva la conciencia? Nuestra sociedad ya no siente nada ante estas cifras. Ni tampoco ante las imágenes de los niños raquíticos que salen en televisión. También están explotadas las fotos y las campañas contra el hambre. Ya está explotado TODO, Dios mío.

¿Acaso hay algo más urgente que evitar la muerte de tantos niños al día?

Por eso, Padre de los ricos y de los pobres, no quiero autopistas, olimpiadas, centros de diversión, fiestas… Sólo quiero tu permiso para cambiar esa frase del Padrenuestro que más arriba te digo por: “Démosle hoy”. Tal vez, así caigamos en la cuenta de que tenemos que ser instrumentos de tu providencia y así, con la conciencia conmovida seamos capaces de un poquito de austeridad personal y de hacer que nuestra solidaridad sea patente.
La sociedad de hoy sólo valora “el tener”, mientras que “el ser” está dado de baja.

Te ruego, Padre nuestro, que no me dejes dormir con la conciencia tranquila ante tanta injusticia, cuando tantos hermanos míos se duermen para siempre porque no tienen alimento para el camino.

Papacito Dios, pon en las mentes y en los corazones de todos los hombres que tienen abundancia de pan, un deseo grande de querer compartir, al menos, las migajas de sus riquezas con los más pobres de este mundo.

Y a todos danos gracias de regalarnos unos a otros como tu Hijo Jesús se nos regala en la Eucaristía. Que también sus hermanos menores sepamos regalarnos a través de nuestra bondad, nuestra sonrisa, nuestro tiempo, nuestro respeto hacia la grandeza del otro.
Nada más por hoy. Gracias por haberme comprendido y escuchado con paciencia infinita como sólo Tú puedes hacerlo, ya que eres Dios.

Te abraza tu hija María Dolores, que ayer
fue misionera de vanguardia y hoy la llamas
a serlo de retaguardia”.
Marienma Posadas Ciriza