lunes, octubre 25, 2021
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Testimonio de Fe de Alba Ruiz Allende

Encantada de saludaros!!

Me llamo Alba María, tengo 28 años y soy médico residente de cuarto año en un hospital de Madrid.

Antes de empezar, quiero que sepas no soy un ejemplo perfecto de nada, ni “estoy libre de pecado”. Simplemente me he atrevido a abrirme y compartirte parte de mí, mi FE porque me gustaría que si estás pasando por un mal momento, si no le encuentras sentido a la vida, si piensas que estás en un bucle de desesperanza y mala racha, quizás mi testimonio te podría ayudar y ojalá, hacer tanto bien como a mí.

Siendo ortodoxa, mi relación con Dios y mi Fe han tenido tantos altibajos cual Roller Coaster… hasta los 18 años, edad en la cual me confirmé, era el ejemplo perfecto de cristiana practicante, casi perfecta, la niña buena “de libro”, que leía el evangelio en misa los domingos y festivos, que cuidaba de sus abuelos, sacaba todo matrículas de honor en el instituto, practicaba deporte a diario y trabajaba por las tardes; una niña que nunca había tenido novio, ni salido de fiesta, y estaba centrada en ser perfecta en todo lo que me propusiese…

Sin embargo, al entrar en la universidad a estudiar medicina, sufrí la terrible enfermedad y fallecimiento de mi abuelo Cayetano, probablemente la persona más especial para mí hasta ese momento de mi vida, lo que provocó en mí, un enfado tremendo con Dios (dejé de acudir a misa, de rezar, de acudir a Él en mi día a día, etc). Justo cuando más le necesitaba le rechacé. Como si rechazase un vaso de agua en el kilómetro 40 de una maratón. Esto hizo de mí una de las etapas más difíciles y duras de mi vida. Aunque seguí esforzándome a nivel profesional, fueron años de un tremendo vacío espiritual para mí y no le encontraba sentido a mis días. El hecho de que mi abuelo Florencio también enfermase y falleciese, no ayudó en mi relación con Dios, y mi Fe se tambaleaba más si cabe.

Sin embargo, unos meses antes de mi graduación, cuando mi abuela materna enfermó, decidí esta vez, aceptar ese vaso de agua (la Fe, y en definitiva, la ayuda de Dios) que se me estaba brindando y yo la había rechazado constantemente durante estos casi ya 6 años de carrera. Le pedía Dios que mi abuela estuviera conmigo en mi graduación. Y así fue. Ese día, el 8 de junio de 2016, vino a mi graduación en la facultad de medicina de Santander y estuve con ella por última vez.

Creo que eso fue determinante a la hora de elegir Tierra Santa como lugar de rotación clínica con una beca que gané. Y así fue como unos meses después me encontraba viviendo en Tel Aviv con otras 3 estudiantes de medicina alemanas, rotando en el Beilinson Hospital. Allí, los retiros espirituales por el desierto Masada, el Dead Sea (Mar Muerto) , y las visitas al Western Wall (Muro de los Lamentos) se hicieron ya una necesidad en mi vida. Las oraciones volvieron, y esta vez decidí que ese vaso de agua estaría siempre en mi vida y me agarraría a él en el kilómetro 40 de cada problema más aún si cabe. Es decir, quería a Dios en no mi vida y me permitiría volver a alejarme de Él en los malos momentos.

Sé que esto al principio puede resultar difícil de entender o llevar a cabo, sobre todo si no eres una persona muy espiritual. Pero honestamente creo que se trata de una cuestión de actitud. A mí, acercarme a Dios me hace una persona más motivada, más sensible, más empática, y me ayuda a llevar mi día a día con los enfermos en el hospital, especialmente en la primera ola de la terrible pandemia por coronavirus. Es obvio que no estoy feliz todos y cada uno de los días de mi vida; naturalmente que no. Mi vida está muy lejos de ser perfecta, pero gracias a mi Fe, cada año creo que estoy consiguiendo ser mejor persona y estoy consiguiendo que esos factores hostiles externos que todos vivimos a lo largo de la vida, me afecten menos, y me pueda seguir bailando, riendo y saltando bajo la lluvia. Al ser una persona muy perfeccionista y autoexigente tengo mucho berrinches, pero sin dejar a Dios de lado he conseguido poder saltar obstáculos sentimentales, personales y profesionales; y a día de hoy me encuentro terminando mi residencia médica, dando clases a estudiantes de medicina, realizando dos másters y aplicando a mi tesis doctoral.

Por eso, te animo a fortalecer tu Fe para que tú también puedas bailar bajo la lluvia!

Alba Ruiz Allende

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