Dios nos ha elegido antes de la fundación del mundo para que fuésemos santos (cfr Efesios1, 3-10: segunda lectura).

Esto significa que también hemos recibido la misión de ser apóstoles. Igual que los antiguos profetas (cfr. primera lectura: Amós, 7, 12-15)

Los cristianos, lo mismo que los apóstoles hemos recibido una Llamada universal al apostado (cfr. Marcos 6, 7-13).

Jesús durante tres años fue formando a aquellos Doce, que a la vez eran amigos suyos, aunque no todos perseveraron.

El Señor no abandonó a ninguno, y siempre trató a sus Apóstoles con confianza, aún sabiendo que, en concreto uno le estaba traicionando.

Es cierto que la mayoría no fueron fieles en el momento duro de la Cruz. Porque todavía no estaban preparados. Incluso Simón, el que iba a gobernar la Iglesia. Pero pasado el tiempo estos amigos de Jesús dieron la vida por Él.

El Señor quiere que nosotros también demos la vida por los demás con nuestro ejemplo y nuestra palabra.

Santa Teresa, con mucha simpatía dice que, le daba más devoción, y ternura, los que convirtieron almas más que los martirios: Pareciéndome que precia [Dios] más un alma que por nuestro ingenio y oración le ganásemos, que todos los servicios que le podemos hacer.

Antonio Balsera

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