Daniel Bae de la Cruz era capitán de Infantería del ejército surcoreano y quería llegar a general. Se crio en una familia católica, su padre era carmelita seglar.

Cuando ingresó en la academia militar, ya le rondaba el anhelo de ser sacerdote. Procuraba vivir como un buen cristiano. «Nunca olvidé al Señor, y siempre experimentaba su amor y cercanía”.

Un día, durante su formación militar, sintió la voz de Dios que le decía: “Daniel, ¿qué haces aquí? Para ti, ¿es importante ser general y tener éxito en la vida? Estas cosas no son importantes. Todas desaparecerán del mundo. Tienes que trabajar para mí, pero no tengas miedo, voy a estar contigo siempre”.

Dejó el ejército y por recomendación de un padre dominico, viajó a España. Tras una experiencia vocacional se consagró como Carmelita Descalzo.

«En el pasado fui soldado profesional, pero ahora soy un soldado del Señor, tratando de hacer lo que Él quiere que haga. La voluntad de Dios no es fácil de descubrir y, en muchos casos, los hombres la desconocemos».

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