Fíjense que llamamos felices a aquellos que fueron capaces de perseverar. Han oído hablar de la constancia de Job y saben lo que al final el Señor hizo por él, pues el Señor es compasivo y misericordioso.

Otro punto muy importante, hermanos: no juren, ni por el cielo, ni por la tierra, ni de ninguna otra forma. Que su sí sea sí, y su no, no; de otro modo serían reprensibles.

La lectura de hoy nos presenta el final de la epístola del apóstol Santiago. De la lectura entera de la misma en ocasiones se desprende dureza y severidad. Más este es para mí uno de los más importantes por la esperanza que deja: habla de la perseverancia y la posterior compasión de Dios.

En estos días es necesario que seamos perseverantes. Perseverantes en la oración, perseverantes en la acción y perseverantes en el amor. Debemos rezar siempre por aquello que deseamos: por necesidades, por los demás, en acción de gracias, etc. Naturalmente hay tiempos difíciles, hay épocas mejores y peores, donde una persona incluso es cuestionada por su fe o por sus sentimientos religiosos. La perseverancia también se dirige a esto, a mantenerse firme ante la persecución.

La perseverancia es clave y pilar básico de la fe: porqué logra objetivos. La persona que no es perseverante se cansa, se agota y pronto abandona todo: sus metas, sus objetivos, sus anhelos. Por esta razón las personas que perseveran, que se mantienen firmes luchando por lo que desean son quienes finalmente logran lo que se propongan. Con la perseverancia en Dios por supuesto también pasa igual.

Nos pone además el ejemplo de Job, el santo que perdió todo en su vida pero aún así perseveró, y finalmente recuperó todo. La historia de Job es bonita e interesante, os animo a que la leáis.

En último lugar nos insta a que no juremos; se refiere a que no hay que utilizar el nombre de Dios en vano, simplemente decir la verdad. Cuando sea sí, sí, y cuando sea no, no. Pero no hay necesidad de entablar juramentos más aún teniendo en cuenta que la gran mayoría de las ocasiones lo hacemos por cosas vanales.

Carlos García Moreno

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