lunes, octubre 25, 2021
Confinadas por Amor
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«Él sabe lo que tiene que hacer y cuándo»

Sinceramente no sabía -ni sé- como hacer frente a la petición de escribir mi testimonio o de contar mi relación con Jesús. Pero en las cosas de Dios las dudas son siempre nuestras y hay que lanzarse con lo mucho o poco que se tenga.

Me considero un afortunado, ya que nunca he desconectado de mi relación con Dios. Siempre se ha servido de algo o alguien para que mantuviera el contacto y mis oraciones; amigos, sacerdotes, catequesis, jesuitas (aquí tengo que hacer una mención especial a mi amigo Antonio Ordoñez SJ) o el trabajo en mis hermandades. Él ha insistido en que me quede a su lado, porque es mucho más consciente que yo de mis debilidades y de la falta que hace en mi día a día.

Siempre he considerado a Jesús mi amigo y como tal he intentado tratarlo, pero nuestra amistad ha tenido altibajos. Mi confianza ha mejorado con el tiempo ya que al principio me costaba dejarlo todo en sus manos, me daba miedo que me mandara algo que no quisiera, le ponía condicionantes a mi fe. Pero poco a poco Él ha ido derrumbando mis murallas para hacerme entender que lo me daba siempre es mucho mejor que lo que yo esperaba. Durante algún tiempo esas eran mis luchas, intentando demostrar que era mejor organizador que Dios, os podéis imaginar el resultado.

Por otro lado, soy una persona impaciente y eso se nota en mis oraciones. Hablo con Él y cuando le pido algo siempre lo quiero al momento, pero sus caminos no son nuestros caminos y sobre todo sus tiempos no son nuestros tiempos. Y sobre estas dos ideas quiero reflexionar.

No hay razón para estar ansiosos de lo que va a suceder y menos aún de lo que vamos a tener. Todos estamos de acuerdo en que tenemos que proyectarnos, tener una meta y un propósito claro de lo que Dios quiere, pero no debemos indicarle nuestros tiempos. No puedo mandar a Dios que haga lo que a mí me parece, Él sabe lo que tiene que hacer y cuándo.

Lo que parece una demora, es el tiempo en que Dios nos está preparando para algo más grande, nosotros somos la piedra que está puliendo. Pero las esperas siempre se hacen muy largas y ahí es donde no debemos agobiarnos ni desesperarnos, sino echar en Jesús nuestras cargas para que nos alivie y podamos descansar el corazón.

Y hay que seguir. ¿Cuántas veces no hemos empezado algo y lo hemos dejado a medias? ¿Cuántas cosas queremos empezar y no empezamos? ¿Cuántas veces no hacemos el bien que queremos y hacemos el mal que no queremos?

Todos los días tenemos la batalla de nuestro interior, pero tenemos que reconocer que no podemos ganar una batalla que ni siquiera nos pertenece a nosotros. Intentamos hacer las cosas mejor pero por alguna razón nos terminamos cansando, ahí tenemos que reconocer la intervención de Jesús para que nos ayude. Solo hay que confiar.

Como dijo San Juan Pablo II: no tengáis miedo.

Adrián González Luna

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