Señor mío y Dios mío, aquí estoy una vez más. De rodillas ante ti. Embobada mirándote. Con la mente en blanco pero con el corazón gritándote que te quiero. Podría ser un día normal como cualquier otro en el que vengo aquí a contarte mis cosas, a preguntarte cómo estás y a escucharte, pero no lo es, hoy estoy especialmente cansada porque por fin han llegado las vacaciones. Ha sido un curso duro y ya no podía más.

Quería darte las gracias por estos meses en los que he ido creciendo de tu mano, siguiendo tus pasos día a día, superándome con cada reto y retándome otra vez cuando conseguía superarme. Gracias por darme esas fuerzas que muchas veces me faltaban, por ser mi apoyo fundamental y por no dejarme sola nunca.

Con las vacaciones llega un poco más de tiempo libre y menos agobios, más tranquilidad y menos velocidad en la rutina, más oportunidades de hacer cosas distintas y menos obligaciones. Y yo quiero aprovechar este tiempo para descansar, desconectar, recargar pilas… pero sin perder los días encerrada en mi comodidad.

Quiero aprovechar estas vacaciones para ir más allá de “mis fiestas”, “mi cuerpo”, “mis planes”, “mi moreno”… quiero ofrecerte todos los días y todas sus horas, haciendo que todas esas “fiestas”, “planes”, etc sean para tu gloria y para servir a los demás.

Quiero darle un sentido a todo lo que haga.

Quiero que en esas, prácticas, trabajo… no piense solo en mi futuro profesional o en mi currículum, sino que lo vea también como medio para darme a los demás.

Quiero que en esas fiestas, copas, cenas… no busque solo pasármelo bien, sino también estar pendiente de los que me rodean y hacer que ellos disfruten.

Quiero que en esos días de sofá, playa, piscina… no me quede solo en mi momento de relajación, sino que también busque el descanso de los demás y mi ratito de oración contigo.

Este verano quiero ir más allá.

En la línea de todos estos pensamientos, el otro día en misa el sacerdote explicaba que en nuestra vida tenemos 3 grandes amores: Dios, el prójimo y uno mismo. Queremos a Dios, queremos a los demás y nos queremos a nosotros mismos. Y estos 3 amores encuentran el balance perfecto en 1 único mandamiento que tú nos diste: “Amarás a Dios sobre todas las cosas, y al prójimo como a ti mismo”. De esta forma, queriéndote a Ti por encima de todo y a los demás igual que a mi misma, seré inmensamente feliz y haré felices a los que me rodean, y a Ti.

Este verano quiero buscar ese balance en todo lo que haga; metiéndote en la ecuación de mi comodidad y diversión a Ti y a los demás, de manera que, sin necesidad de hacer nada extraordinario, y sin dejar de disfrutar de “mis planes” y “mis viajes” me esfuerce cada día de verano, haga lo que haga, por conocer y querer más a mis amigas, por estar más pendiente de las necesidades que hay a mi alrededor, por sacar más huecos contigo…

Jesús, quiero aprovechar este “stop” de la rutina diaria, para que lejos de limitar mi mirada hacia mi misma, la agrande para ponerte a Ti por encima de todas mis cosas y para aprender a querer a los demás como tú lo haces.

Este verano quiero descansar, pero en vez de hacerlo en el sofá o en la playa (que también) quiero descansar principalmente en Ti y en el bienestar de los demás, porque solo así seguiré creciendo en amor, en alegría, en mi relación contigo y en mi sacrificio por otros. Solo así conseguiré esa felicidad que me llena y que llena a los que me rodean, esa felicidad que no deja a uno indiferente, vacío o con sensación de “sin más”, sino que te recarga las pilas y te empuja a querer darte más.

Este verano quiero disfrutar y hacer que los demás disfruten; quiero descansar y ayudar a que otros lo hagan; quiero desconectar y hacer que los demás desconecten. Pero sobre todo, quiero querer sin medidas y sin límites; a ti, a los demás y a mi. Con ese balance perfecto de 3 amores en 1 solo mandamiento. Quiero que al verse reducida la velocidad de mi rutina, de mis agobios, de mis obligaciones… se aceleren mis ganas de servir a los demás, de conocerte más, de darme más…

Jesús, este verano quiero vivirlo de manera que siempre pueda recordarlo por todo lo que crecí, disfrute, amé y te conocí. Este verano quiero dar sin medidas, querer sin límites y disfrutar con intensidad.

Gracias por este curso Jesús, y…. ¡Feliz verano! Vamos a pasarlo genial.

Marta Mata

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