Creo que siempre se admira a aquellas personas que son capaces de resolver problemas y sacar adelante sus objetivos, pero considero que poco nos preguntamos cómo es la forma correcta de afrontar los obstáculos de la vida.

El paso del tiempo y el gran avance del hombre ante ciertas problemáticas han hecho que avancemos de una forma muy rápida, pero no solo eso, sino que con todos estos avances, ha provocado que en la solución de muchas cosas aparezcan otros problemas.

Lo principal que quiero decir esque hemos llegado al grado de creernos autónomos, y pensar que no necesitamos a nadie, que con toda la tecnología y el avance que tenemos, podemos depender solo de nosotros mismos.

Y esto también puede afectar nuestra fe: pensar que la solución a nuestros problemas se puede encontrar en nuestras fuerzas humanas, olvidándonos por completo de Dios. Cuando no podemos solucionar estos problemas bajo nuestras propias fuerzas comenzamos a frustrarnos y hemos cometido el error de caer en una frustración que ha provocado una angustia colectiva, y que lleva a muchas personas a una tristeza prolongada, sintiéndose desamparado.

Hay que aprender a descansar en Dios, saber que Él se encarga también de nuestros problemas y que podemos acudir a Él en todo momento, saber que la solución a los problemas no solo viene de la fuerza propia, sino de la fuerza que reside en Dios y de las herramientas que da para poder salir adelante.

Las propias fuerzas se agotan, pero tenemos un Dios el cual es inagotable, y que siempre está ahí. Dios no nos ha llamado a afrontar solos nuestros problemas, sino a caminar acompañados, de su presencia.

Abraham Cañedo

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