lunes, octubre 25, 2021
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Testimonio de fe de Guillem Juan

¡Hola! Me llamo Guillem Juan, tengo 20 años, vivo en Badalona y acabo de terminar el primer año de la carrera de diseño. Puedo decir, gracias a Dios, que soy feliz y estoy en paz. No tengo espacio para contarte mi vida entera, y creo que tampoco hace falta.

Hace unos 2 años, todo en mi vida empezó a cambiar. Después de cortar con una chica con la que viví una dolorosa experiencia y de no comulgar durante bastante tiempo, me encontré con la selectividad terminada y a las puertas de las vacaciones de verano. Yo estaba confundido, perdido y roto. Poco a poco fue avanzando el verano. Hacía algunos planes con amigos, era monitor en el casal de verano de la Parroquia, jugaba a videojuegos…

Ese verano, la parroquia a la que iba (y a la que sigo asistiendo con frecuencia y considero un pilar importante de mi vida) había organizado una peregrinación a un santuario mariano que se encuentra en Austria: Mariazell. Gracias a Dios, me había apuntado a la peregrinación. No podría explicar todo lo preciosa, intensa e importante que fue esa peregrinación para mí en ese momento. Uno de los momentos más relevantes que viví en esa peregrinación fue cuando, delante del Santísimo, decidí que no podía seguir sin comulgar, y decidí que me confesaría y pediría ayuda. Me levanté, decidido a contarle al sacerdote lo que hiciese falta y me confesé. Después de confesarme, empecé a comulgar en todas las misas que hicimos. Ese fue uno de los primeros grandes pasos que di en esos momentos, y que me ayudaron a cambiar mi vida.

Después, al cabo de un tiempo, retomé la oración diaria, y empecé a rezar el rosario también de forma diaria. Empecé una carrera, llegó el Covid, me cambié a la carrera de diseño… Y aquí estoy. A lo mejor ahora piensas: ¿Qué viene a decirme Guillem, que empiece a hacer oración, a ir a misa y a rezar el rosario? En parte sí, no te imaginas el bien que te puede hacer. Pero antes que eso, quiero que veas que desde que naciste, desde que eras un pequeñajo hasta ahora, Dios siempre ha estado allí. Siempre te ha buscado, y siempre ha querido que te encuentres con Él. Toda tu vida, aunque hayas vivido experiencias terribles, Dios te ha visto y te ha buscado. Y es en nuestras pequeñas decisiones, cuando decidimos abrir nuestro corazón, aunque nos duela como si nos clavaran espadas, y decimos “Sí”, cuando Jesús entra, nos llena, nos transforma y nos cambia la vida.

En mi caso Dios se sirvió de una peregrinación y de mi Parroquia, para provocar un primer “Sí” que desembocaría en muchos más, y que a la larga transformaría mi vida. Quizás has vivido una experiencia parecida, o quizás acabas de dar el primer paso hacia esa apertura de tu corazón a Dios. Estés en el punto en el que estés espiritualmente, quiero animarte a que siempre estés dispuesto a dar un poco más, y a contestar afirmativamente a Dios. Sí, voy a ir a misa algún día entre semana. Sí, voy a confesarme. Sí, voy a pedir perdón a mi amigo. Sí, voy a rezar 5 minutos más cada día. Sí, voy a sonreír más a mis hermanos…

Sean cuales sean tus circunstancias ahora, estés donde estés y haya ocurrido lo que haya ocurrido (bueno y malo), abre tu corazón, confía en Dios, y dile cada día y en todo momento: “Sí”.

Guillem Juan

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