Desde que en el siglo IX se descubrieran los restos de Santiago el Mayor en el bosque Libredón, en el lugar en el que hoy contemplamos la imponente catedral compostelana, millones de personas han peregrinado a la ciudad del Apóstol. La mayoría, con espíritu religioso, cristiano, católico, pero muchos otros, carentes quizá de la fe en Jesucristo como Dios, sencillamente en actitud de búsqueda. El caso es que, en general, nadie escapa a alguno de los grandes beneficios de la peregrinación: salir del propio ambiente, abrir el alma al silencio y romper esos moldes sociales que, consciente o inconscientemente, tanto nos condicionan. Y, precisamente para poder reconocer a ese Dios que camina a nuestro lado, Javier Peño, sacerdote de la Archidiócesis de Madrid (y colaborador de Jóvenes Católicos), ha escrito el libro ‘El Camino de Santiago, un encuentro con Dios’ (Ed. Palabra).

Con la conciencia de que el Señor siempre está ahí, empezando porque somos creados a imagen de Dios y eso no se puede borrar, pero sabiendo que demasiadas veces no somos capaces de reconocerlo, este libro trata de alertar sobre la presencia de Dios en la ruta jacobea, como eje central de la misma, para que el lector y peregrino pueda interpretar el paso de Dios en su vida.

El libro comienza con la historia -aparentemente profana- que le ocurrió en su primer Camino, en 2007, cuando tenía 20 años y apenas iba a Misa algún domingo al año. Cómo la Providencia quiso que se enamorara de la peregrinación, la misma en la que tres años después, tras su conversión, vio claro que el Señor le pedía ser sacerdote.

Tras otros dos capítulos, uno para acercarnos la figura del Apóstol y los orígenes del Camino y otro sobre la vida como un camino al Cielo, el autor nos sitúa en Saint Jean Pied de Port, comienzo habitual de las personas que recorren el camino francés. Buen conocedor de la ruta, no obstante la ha completado muchas veces y desde diversos lugares (St. Jean, Roncesvalles, Pamplona, Irún, Madrid o Fátima, entre otros), vamos recorriendo algunas de las localidades que el peregrino atraviesa en su caminar, deteniéndonos en algunos lugares especiales, donde Javier cuenta nuevas anécdotas -personales o históricas- a través de las cuales nos va adentrando en la espiritualidad de la ruta jacobea.

Así, hay un capítulo dedicado al perdón al paso por el alto del mismo nombre y la leyenda del misterio de Obanos; otro, al pasar por Santo Domingo de la Calzada y san Juan de Ortega, sobre el amor al prójimo; también se habla de la flecha amarilla en nuestro día a día, etc. Más adelante, al pasar Burgos y adentrarse en la tan temida meseta castellana, Javier habla sobre las dificultades de la vida y la importancia de estar bien anclados en Dios y sus mediaciones. En León encontraremos, además de la maravillosa comida, a la Virgen del Camino y, pasado el Bierzo, entraremos en Galicia por O Cebreiro, donde el autor vio claro que el Señor le pedía ser sacerdote y que es famoso por el milagro eucarístico, ante cuyas reliquias se postró la mismísima Isabel la Católica. En esta cima geográfica de los caminos de Santiago en Galicia, se habla de Jesús Eucaristía y de la Misa.

El peregrino desciende de la montaña y, en una etapa corta, parará en Samos, donde la paz del monasterio y el precioso enclave llaman a la oración, justo antes de llegar a Santiago, donde aquella persona que comenzó a caminar en St. Jean ya es otra: ahora se dispone a entregar la vida al Señor, como hizo el Apóstol. El martirio de Santiago, la propia conversión y la vuelta a casa son los elementos centrales de un intenso capítulo final en el que el lector, verdaderamente, sentirá haber llegado a Compostela.

¡Ah! Y un epílogo, ‘El Camino en tiempos de Covid’, donde el autor cuenta lo que él considera un «verdadero milagro», ocurrido cuando se disponía a abandonar la ruta y que originó, tras un cambio de planes, dos encuentros providenciales. De los que cambian la vida.

Si quieres preparar tu próximo Camino como un encuentro con Dios, si ya lo has recorrido y te apetece volver a saborearlo o si crees que te has podido dejar algo en el aprovechamiento espiritual de la peregrinación, sin duda, estamos ante un libro que merece la pena. Porque el Camino de Santiago ha sido, es y deberá ser, ante todo, un encuentro con Dios.

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Javier Peño Iglesias

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