Antes, cuando ustedes no conocían a Dios, estaban al servicio de dioses que no lo son realmente. (9) Pero ahora, que conocen a Dios –o mejor dicho, que son conocidos por Él- ¿cómo es posible que se vuelvan otra vez a esos elementos sin fuerza ni valor, para someterse nuevamente a ellos? (10) ¡Observar los días, los meses, las estaciones y los años! (11) Francamente, temo haber trabajado inútilmente por ustedes.

En este pequeño versículo de la carta del apóstol san Pablo a los Gálatas, san Pablo parece mostrarse un poco turbado, preocupado porque su (loable por otra parte) trabajo de evangelización esté siendo en vano. El pueblo al que trata de evangelizar parece por momentos haberse vuelto a las viejas costumbres, a sus antiguos pecados y a sus antiguos ritos.

Esta preocupación es patente también en la sociedad de hoy día; es muy frecuente ver como nosotros mismos volvemos en ocasiones a aquello que nos ató, a aquello que nos tenía presos. Incluso también puede predicarse esto de comportamientos que hemos tenido (como sociedad) anteriormente a recibir una buena evangelización. Puedo poner como ejemplo la discriminación, la violencia o la guerra.

Una vez se recibe el mensaje de Cristo, todo cambia (“todo es nuevo, las cosas viejas pasaron»); todo se vuelve fruto del amor y de la esperanza. Sin embargo en nuestra fragilidad y debilidad es muy frecuente volver sobre nuestros pasos y caer de nuevo en lo mismo. Ello no debe ser óbice para volver a empezar desde cero. Cristo-Jesús nos espera con los brazos abiertos del Padre esperando reconciliarse con nosotros.

Como el propio san Pablo apunta, el tiempo va pasando, a veces más deprisa y otras más lento. Y parece que en ocasiones estamos siempre en el mismo punto de partida. Nada más lejos de la realidad, la transformación es real pero lenta, y no podemos apreciarla de forma directa. Antes bien debemos esperar que pase el tiempo. Pues queridos amigos, espero de corazón que sepamos seguir adelante, tratando de no volver sobre nuestros pasos para caer de nuevo en aquello que tanto nos ha castigado, y si por algún casual se cae, como decía san Juan, “tenemos a Jesucristo el justo.”

Carlos G.M.

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