La Familia y sus etapas: una perfecta imperfección

Todas las familias recorren un proceso de desarrollo y cambio marcado por una serie de etapas conocidas como “etapas del ciclo vital familiar”. Estas etapas señalan el momento evolutivo en el que se encuentra la familia, así como una serie de cambios, retos y exigencias que cada miembro del sistema ha de enfrentar.

En cada una de estas etapas, los miembros de la familia deben de adoptar nuevos roles y formas de funcionar, para así poder hacer frente a las distintas tensiones adheridas a cada fase y establecer una adaptación correcta a cada una de estas etapas.

Haley, autor reconocido en el campo de la psicología, señaló en 1980 que seis eran las principales etapas que conformaban el ciclo vital familiar:

En primer lugar, La formación de una nueva pareja. Esta etapa hace referencia a los primeros años de noviazgo y de matrimonio y destaca por ser la fase en donde se consolida la relación de pareja a través de la comunicación y el entendimiento mutuo. A pesar de que con la llegada de los hijos esta etapa queda relegada en un segundo plano, cabe recordar la importancia de trabajar de manera diaria en el vínculo que conforma la pareja, pues así los miembros de esta podrán hacer frente con mayor éxito a las futuras complicaciones adheridas al sistema familiar.

A continuación, se daría el paso a la siguiente etapa denominada Nacimiento del primer hijo. En esta etapa, la pareja pasa de ser dos a tres. La atención suele evocarse en el nuevo miembro de la familia, quien no solo se convierte en el centro de atención de los padres, sino también de los miembros de la familia extensa como los abuelos o los tíos. Es además el momento en el que se inicia la coparentalidad y donde los “padres primerizos” aprenden a través de numerosos malabares a adaptarse a este nuevo miembro y recolocarse dentro del sistema.

Superada la etapa del constante cambio de pañal pasamos a formar parte de las Familias con hijos en edad escolar; etapa en el que se desarrolla la crianza de los hijos y donde se suele ampliar el sistema familiar con la llegada de los hermanos. Es una etapa marcada a su vez por las primeras relaciones sociales que entabla el infante con sus pares, rodeados de fiestas de cumpleaños infantiles, los padres aprenden a aportar una ligera autonomía a los más pequeños quienes a través de la exploración van desarrollando y esculpiendo su personalidad.

Pasada la etapa de la primera infancia, nos encontramos con la famosa etapa de Familia con hijos adolescentes. Esta fase, en muchas ocasiones demonizada, se caracteriza por la separación progresiva del hijo de su familia de origen. El adolescente se aleja de los padres para así relacionarse con otros adolescentes con los que aprenderá a establecer vínculos estrechos de confianza e intimidad. Además, es una etapa que tiende a generar mucha preocupación entre los progenitores ya que suele darse una mayor exposición al riesgo por parte de los adolescentes, así como una inesperada rebelión contra las normas como forma de manifestar su independencia y exigir una mayor libertad.

Finalizada la etapa de la adolescencia y entrando en la madurez, nos encontramos ante la fase de Familia con hijos adultos jóvenes. En esta etapa los hijos tienden a alcanzar una mayor autonomía profesional y personal. Aquí los padres son meros guías y orientadores ante la toma de decisiones del joven adulto.

Finalmente, el ciclo evolutivo familiar culmina con una etapa conocida como Retiro de la vida activa y vejez. Aquí, la pareja vuelve a sus inicios, los padres pasan a convivir nuevamente solos, se reencuentran y se convierten en abuelos. Es una etapa también conocida como “nido vacío” ya que nos encontramos ante la salida de los hijos del hogar familiar.

 

Como bien mencionábamos con anterioridad, toda etapa presenta una serie de tensiones y crisis que suelen surgir especialmente en el momento de transición a la siguiente fase. Pues todos los miembros de la familia se ven obligados a adaptarse a los nuevos cambios, exigencias y responsabilidades sociales que implica cada etapa. (Funes, 2009)

Podemos distinguir dos tipos de crisis. Por un lado, están las crisis normativas, las cuales, reciben este nombre por el mero hecho de que son esperables y propias en cada una de las fases del ciclo vital familia. Porque, por ejemplo, ¿Quién de nosotros no ha experimentado cierto agobio o ansiedad cuando se ha enterado de que va a ser padre por primera vez? ¿O cuándo por ejemplo, terminada la carrera no se ha sentido como un individuo saltando al vacío ante la incertidumbre del “y ahora qué”?

 

Por otro lado, nos encontramos con las crisis no normativas, consideradas unas crisis de mayor envergadura al implicar eventos imprevistos o no esperables. Un ejemplo de este tipo de crisis sería la enfermedad inoportuna de uno de los miembros de la familia, la muerte de uno de los hijos o progenitores o un despido inesperado entre otros.

Con todo esto, me gustaría señalar que la mayoría de las familias desarrollan las herramientas necesarias para superar estos retos ya que no existen recetas mágicas a la hora de sobreponerse a las dificultades. Si bien es bueno saber que existen una serie de estrategias de afrontamiento que podrían facilitar la adaptabilidad familiar a las crisis tanto de tipo normativo como no normativo. De entre las estrategias de afrontamiento más destacadas podríamos señalar:

– Buscar información relativa a la circunstancia que la familia está viviendo en ese momento. Conocer que es lo que está pasando puede ayudarnos a la hora de gestionar el problema ya que el estar informados facilita el camino al encuentro de soluciones.

– Buscar apoyo en la familia, amigos o el entorno social. Siendo conscientes de que no estamos solos, pidiendo ayuda ante las dificultades, facilitamos el proceso de adaptación.

-Búsqueda de valores personales que han permitido el cambio. Detectar los puntos fuertes de cada miembro de la familia, facilita la situación de crisis y la resolución de problemas.

– Búsqueda de ayuda profesional. Si tras poner en marcha soluciones intentadas no se ve una mejora, podría facilitar la adaptabilidad a estas crisis el pedir ayuda a un profesional, al poder este aportar un punto de vista diferente desde la máxima objetividad.

Elaborar la situación de crisis, aceptación y evolución. Comprendiendo la situación, siendo conocedores de cómo se va a desarrollar y aceptando la situación de crisis, podremos hacer frente a las dificultades de una manera más funcional.

– Búsqueda de esperanza y de “descanso emocional” a través de la espiritualidad. Si se tiene una visión creyente, ayuda mucho el descansar en Dios, ya que además de hacer todo lo que está en nuestra mano para superar la crisis, confío en él y en que Dios proveerá, generando un descanso emocional que muchas veces facilita el camino a la adaptación.

¡Termino recalcando que al final esto es una propuesta teórica que muchas veces se aleja de la realidad, ya que existen tantos tipos de familia como familias hay en el mundo! Y porque aquí lo importante no está en buscar la perfección del sistema, sino en detectar los puntos fuertes y débiles de cada uno de sus miembros, para así poder llegar a generar una adecuada convivencia y un buen desarrollo, a través del respeto, el cariño y la comprensión de cada uno de los integrantes de la familia.

 

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