Así llorabas en Getsemaní.

Pensaba en mi autosuficiencia, en mi atolondramiento, en mi egoísmo, en mi impureza… mientras te prestabas a entregarme por entero tu vida para curar mi pobre corazón.

Aquí no cuentan los egoísmos de los demás. Tengo el Amor a mi puerta y me entretengo estúpidamente. ¡Si, al menos, saberte junto a mí me ayudara a reaccionar! ¡Si, al menos, saber que me escuchas cuando te pido por mi madre, y el Papa, y el Padre y por tantas personas… me hiciera reaccionar! ¡Si, al menos, saborearte en el Cáliz me ayudara a reaccionar!

Sé que mi corazón reacciona pobremente. Soy como aquel pájaro que solo era capaz de volar de balcón a balcón, sin remontar el vuelo, temeroso. Sé que es la condición humana y por eso no me agobia, aprendí a reírme de mi mismo. Sé que te conmueve mis pobres intentos de conversar contigo, de agradecerte cuánto me has querido, de unirme a la redención. Pero me gustaría ser más consciente, menos atolondrado, más cariñoso. Quisiera responder a tu amor por mí. Decirte que te quiero, que eres imprescindible, que confío plenamente en Ti.

Hoy es fiesta y celebramos tu sagrado Corazón. Es la fiesta del Amor que nos tienes, que me tienes. ¿Querrás agrandar mi corazón? ¡Muchísimas gracias! ¡Muchísimas felicidades!

Pablo Lucena Molina (@plucenamolina)

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