Al joven guipuzcoano Mikel Ormazabal siempre le transmitieron la fe desde casa y era una fe que además siempre ha practicado. Nunca había dejado a Dios de lado.

Recuerda su infancia en un colegio de marianistas. Un marianista solía ir de clase en clase explicando un poco el Evangelio que se había leído el domingo en misa. De esta forma se adentraron en el amor hacía Jesús y la Virgen María. «Este marianista nos hablaba de la necesidad que tenía el mundo de misioneros cristianos para dar de beber a los niños pobres de África», explica Mikel.

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