Santiago y Mari Luz era un matrimonio feliz. No tenían hijos probablemente porque se casaron mayores. Tan solo siete años después de casarse Mari Luz enfermó. Pocos meses antes de morir, le dejó un encargo: “Santi, ponte a preparar para diácono permanente», algo que ya habían hablado en otras ocasiones.

Ya siendo diácono, Santiago no cerró nunca la puerta a la posibilidad del presbiterado. Explica: “Yo era viudo, había hecho la promesa del celibato” y aunque era diácono sentía la llamada a administrar los sacramentos reservados a los presbíteros.

De hecho, hace dos años, durante la Unción a un familiar, pensó: “qué hermoso es ser sacerdote y poder administrar el viático, cómo me gustaría”. Este acabó siendo el impulso definitivo para solicitárselo por escrito al arzobispo.

Éste es su testimonio vocacional

Puedes leer este testimonio completo en Religión en Libertad

Artículo anteriorRosario y Misa desde el Santuario de las Apariciones, Pontevedra
Artículo siguiente«Todo lo que vale». Tim Gautreaux