Giuseppe Cassina es un sacerdote que trabaja en el colegio de Fuenlabrada de Madrid. La Fraternidad San Carlos recoge su testimonio como profesor de religión en un centro donde, hasta el momento, no había trabajado ningún sacerdote.

El primer día muchos me miraban con curiosidad, sobre todo mis colegas profesores: ¿quién será ese hombre vestido de negro? Por primera vez en la vida experimenté lo que es el prejuicio. A algunos les costaba hablarme o saludarme solo por el hecho de que era sacerdote. Me ayudó no renunciar nunca a ir vestido de sacerdote.

«Solo el hecho de ir vestido de cura obliga a los profesores y a los alumnos a pensar en Dios, aunque sea por un segundo».

Tan solo después de un año puedo decir con una gratitud inmensa que Dios me deja ver sus frutos: algunos de mis alumnos han empezado a venir a la parroquia; poco a poco, muy poco a poco, están volviendo a acercarse a Dios. Pero el fruto más bonito está naciendo en mí: estar en un ambiente totalmente impregnado de la mentalidad del mundo me ayuda cada día a dar razones de mi fe y de lo que propongo a mis alumnos.

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