Hermanos, si realmente creen en Jesús, nuestro Señor, el Cristo glorioso, no hagan diferencias entre personas. Supongamos que entra en su asamblea un hombre muy bien vestido y con un anillo de oro y entra también un pobre con ropas sucias,  y ustedes se deshacen en atenciones con el hombre bien vestido y le dicen: «Tome este asiento, que es muy bueno», mientras que al pobre le dicen: «Quédate de pie», o bien: «Siéntate en el suelo a mis pies».  Díganme, ¿no sería hacer diferencias y discriminar con criterios pésimos?

Queridos amigos, como dije en la catequesis anterior había otro pasaje de la Epístola de Santiago que me parecía muy importante. Y más importante me parece ahora teniendo en cuenta lo que está sucediendo en el mundo. La crisis migratoria sucedida en la ciudad autónoma de Ceuta perteneciente a España ha vuelto a hacer rebosar un vaso que lleva llenándose mucho tiempo.

La globalización y el establecimiento de fronteras ha hecho que el hombre ponga barreras a otros hombres, para hacerse lo que no son: Diferentes. Como bien dice el apóstol en estas líneas, como cristianos no debemos hacer diferencias entre personas; da igual el lugar de donde venga, su posición social o su riqueza; todos sin excepción somos iguales.

Iguales en derechos y en dignidad, pues todos venimos a este mundo de la misma forma y todos nos iremos de él igualmente. No podemos discriminar a nadie por ninguna razón, menos aún tenerlo por enemigo. Rico o pobre, nacional o extranjero; son todos personas, iguales a nosotros en la dignidad que tenemos por ser hijos de Dios; y en derechos reconocidos por infinidad de normas internacionales.

Jesús jamás hizo distinción alguna, es más, se rodeó siempre de lo que la sociedad consideraba lo peor. Para darnos así un magnífico ejemplo de lo que debemos hacer: no hacer distinciones entre personas. Más bien como buenos cristianos debemos acoger en nuestro corazón a cada persona que pide ayuda; tratando siempre de aportar nuestro granito de arena.

En estos tiempos lo más importante, es hacer ver al prójimo que estamos con él, y tratar siempre de mejorar su vida aunque sea un poco, enseñándoles que la alegría y el amor de Dios están presentes en cada lugar del mundo.

Carlos García Moreno.

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