Muchas familias muestran preocupación por la formación religiosa de sus hijos y temen que su fe se debilite cuando se hagan mayores. Christian Smith sugiere en este artículo algunas ideas al respecto.

Smith, sociólogo y profesor en la Universidad de Notre Dame, lleva más de veinte años estudiando la vida religiosa de las familias norteamericanas y quiere dar a conocer algunos de sus hallazgos.

Cuanto más comprometidos con la fe son los padres, más desean que sus hijos crezcan creyendo y practicando la religión de la familia.

Después de pasar dos décadas estudiando la vida religiosa y espiritual de los adolescentes estadounidenses y adultos emergentes, me dediqué a estudiar la paternidad religiosa. Como sociólogo, busqué comprender cómo los padres estadounidenses religiosos abordan la tarea de transmitir la religión a sus hijos.

La buena noticia es que, entre todas las posibles influencias, los padres ejercen, y mucho, la mayor influencia en los resultados religiosos de sus hijos. Dicho de otro modo, la mala noticia es que casi toda la responsabilidad humana de la trayectoria religiosa de la vida de los niños recae sobre los hombros de sus padres. La evidencia empírica es clara. En casi todos los casos, ninguna otra institución o programa se acerca tanto a dar forma religiosa a los jóvenes como lo hacen sus padres: ni las congregaciones religiosas, los grupos de jóvenes, las escuelas religiosas, las misiones y el voluntariado, los campamentos de verano, la escuela dominical, los ministros jóvenes o cualquier otra cosa. Esas influencias pueden reforzar la influencia de los padres, pero casi nunca la superan o anulan. Lo que hace que cualquier otra influencia palidezca hasta convertirse en una insignificancia virtual es la importancia (o no) de las creencias y prácticas religiosas de los padres estadounidenses en sus vidas ordinarias, no solo en los días de fiesta, sino todos los días, durante semanas y años.

Los jóvenes estadounidenses que han crecido comprometidos con la religión casi siempre tuvieron padres muy comprometidos con la religión. En todo caso, la transmisión exitosa de la fe no está garantizada. Los resultados varían ampliamente. Los hijos eligen su propia vida. Pero dejando de lado los casos excepcionales, lo que está casi garantizado es que los padres estadounidenses que no están especialmente comprometidos, atentos e intencionados al transmitir su fe, criarán hijos menos religiosos que ellos, si es que son religiosos en realidad.

Más allá del consejo de “hacer lo que se dice”, una serie de rasgos específicos tienden a influir religiosamente en los hijos. Éstos son algunos de los más importantes: Estilo de crianza, acostumbrarse a hablar de religión y canales para la internalización.

Hoy nos detenemos en explicar el primero. Dejamos los otros dos para un segundo artículo.

Estilo de crianza. Estos padres combinan dos rasgos cruciales. Primero, mantienen constantemente a sus hijos con expectativas, estándares y límites claros y exigentes en todas las áreas de la vida. En segundo lugar, se relacionan con sus hijos con abundante calidez, apoyo y cuidado expresivo. La combinación de expectativas claras y calidez afectiva es poderosa en la formación del desarrollo de los hijos.

Los padres que son estrictos y exigentes con sus hijos, pero que muestran poca calidez o apoyo emocional, adoptan un estilo de crianza “autoritario”. Brindan a sus hijos pocas oportunidades de vinculación, compromiso e identificación y, por tanto, les dificulta identificarse con las preocupaciones de sus padres. Los padres que son todo afecto y empatía pero que ponen a sus hijos pocos límites y modelos muestran un estilo de crianza “permisivo”, lo que les indica a sus hijos que no importa mucho lo que hagan, incluso en lo que respecta a la religión. Y los padres que no dan a sus hijos calidez afectiva ni expectativas claras muestran un estilo de crianza “pasivo”, que también proporciona pocas bases para transmitir la religión.

En resumen, los hijos estadounidenses son más propensos a abrazar la religión de sus padres cuando disfrutan de una relación con ellos que expresa tanto una clara autoridad parental como una calidez afectiva. Estos hijos saben que sus padres les exigen altos estándares precisamente porque los aman. También saben que cuando no cumplen con esos modelos habrá consecuencias, pero esas consecuencias nunca incluirán la retirada del amor y el apoyo. Los otros tres estilos de crianza no transmiten estos mensajes con tanta claridad, y las consecuencias de transmitir la religión son empíricamente evidentes. No funcionan tan bien.

Christian Smith.

Publicado en Buscando la Excelencia

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