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el Señor escribe recto con renglones torcidos. Testimonio de María

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el Señor escribe recto con renglones torcidos. Testimonio de María

Hola, me llamo María Jiménez tengo 19 años y vivo en Córdoba. Me considero muy afortunada por tener una vida ligada a la Fe. La Fe para mi es lo más importante, junto a mi familia. Claramente he tenido mis altos y mis bajos, pero supongo que como todo en la vida. En el camino de la Fe, como en cualquier otro camino hay obstáculos que hacen que nos caigamos, pero lo importante es levantarse de nuevo y coger más fuerzas. Si nos caemos es porque estábamos caminando, y caminar vale la pena. Mis padres me han enseñado a confiar en Dios y a darle siempre las gracias.

Pero no solo darle las gracias por las cosas que le has pedido, sino por todo lo que vivimos cada día. Me acuerdo que cuando mis padres nos llevaban al colegio por las mañanas a mis hermanas y a mí, después de rezar siempre nos decían “¿habéis dado las gracias?” y mi hermana y yo nos mirábamos diciendo “¿pero por qué tenemos que dar gracias hoy?” entonces mi padre nos explicaba que hay que darle las gracias a Dios todos los días por el simple hecho de levantarte de la cama y poder ver, cosa que mucha gente por desgracia no puede hacer. Que hay que darle las gracias por tener una casa, una familia y tener la suerte de poder ir a un colegio. Y cada vez le veo más sentido a lo que me decían.

Tenemos que acordarnos de buscar a Dios todos los días en todas las cosas. A veces lo encontraremos en nuestros padres, otras en un amigo o a veces incluso en el aspecto menos esperado de tu día. Él nunca está ausente, simplemente espera el momento perfecto para llegar a ti. Y es que no tenemos que preocuparnos porque las cosas no salgan como queremos, si algo no sale como esperábamos es que no entraba en el plan de Dios. Yo soy a la primera a la que esto se le olvida, porque cuando trabajo duro por conseguir algo y no obtengo el resultado que deseo, me enfado, lloro y pierdo la esperanza. Pero una vez leí con mi madre una frase que nos encantó a las dos. La frase decía: “EL SEÑOR ESCRIBE RECTO, PERO CON RENGLONES TORCIDOS”. ¡Y qué razón tiene!

Dios tiene un plan para cada uno de nosotros, y tenemos que aprender a confiar en Él. Porque, aunque lo pasemos mal por el camino, y este se tuerza mucho, al final Dios quiere lo mejor para nosotros. Y cuando lleguemos a lo que nos tenía preparado comprenderemos que todas esas trabas y obstáculos estaban puestos allí para nosotros, para hacernos más fuertes.

Yo soy la primera que tengo que poner esto en práctica, porque la verdad que no siempre es fácil hacerlo. La mayoría de las veces te empuja más la pereza, el desánimo u otras muchas razones. Pero tenemos que aprender a buscar a Dios en todo lo que hacemos.

Como he dicho, tengo mucha suerte de haberme criado en la Fe, he tenido la gran suerte de que mis padres me han enseñado a querer a Dios como a un padre y como a un amigo. He tenido la suerte de ir a un colegio donde me han enseñado valores cristianos y de tener una gran catequista y madre que me ha enseñado lo importante que es aspirar a ser santo, porque como decía ella, después viene Paquito con las rebajas y no llegas al objetivo esperado. Pero si aspiramos a ser santos cada día, por muchas rebajas que traiga Paquito estarás muy cerca de llegar a tu objetivo. El mío es el cielo.

Por eso, y con esto ya termino, tenemos que ser buenos cristianos, confiar en Dios y en sus planes, no rendirnos antes las adversidades y como decía Santa Teresa de Calcuta, SIEMPRE, SIEMPRE, SIEMPRE SONREIR. Porque los cristianos debemos estar felices. Felices por tener a Dios en nuestras vidas y felices por todo lo que hace por nosotros. Yo soy feliz. Y le doy las gracias por ello.

María Jiménez Ruiz