Franco Battiato le dolía Dios. Le dolía tanto que no dejaba de buscarlo. Sentía tal deseo de Él en su interior, de buscarle y de encontrarle, que no se contentaba con lo que decían otros, explica Alfa y Omega en un artículo que ha publicado a propósito de su fallecimiento.

«Dios es amor puro, y antes de llegar a Él hace falta verdaderamente mucha, mucha paciencia». Anduvo mucho tiempo buscando en las distintas religiones.

Para Battiato, san Juan de la Cruz y a santa Teresa de Jesús se encontraban entre sus referencias vitales. Y por eso también llegó a grabar en los años 90 una Misa arcaica, en latín, completa, con su Kyrie, su Gloria, su Credo, su Sanctus y su Agnus Dei, porque «para comunicar ciertos sentimientos, ciertas emociones y ciertas opciones del corazón es necesario seguir caminos bien definidos», decía.

En una ocasión cantó ante el Papa Juan Pablo II

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