Inicio TESTIMONIOS “En medio de cualquier tormenta seguiré confiando en Ti”

“En medio de cualquier tormenta seguiré confiando en Ti”

0
“En medio de cualquier tormenta seguiré confiando en Ti”

Mi nombre es Marielos Argueta y soy centroamericana.

Nací en un hogar católico, cuyo referente humano de fe siempre fue mi abuela materna y mi madre.

Claro está que esas prácticas iban fortaleciéndome y acercándome al Dios del amor, quien con dulzura y su pedagogía Divina me iba mostrando sus caminos de amor.

Sin embargo, la fe no se queda solamente en prácticas externas o bien se encuadra en la certeza de creer en aquello que no podemos ver. La fe va más allá, es reconocerme criatura de Dios, reconocerle dentro de mí y actuar diariamente confiando en sus planes, sabiendo que los mismos son de salvación para mí, pero en especial para los demás.

Podría decir que mi nacimiento es un acto de fe de mi madre, ya que después de un diagnóstico pediátrico poco alentador, ella sabía y confiaba en la promesa de Dios. Desde un inicio mi madre confío mi vida a la mano maternal y pura de María Santísima, quien como las olas suaves que conducen los barcos a su destino, me ha ido conduciendo hacia la misión de Dios para mi vida.

¿Es fácil el camino de la fe?

No, no lo es, en ocasiones he tenido dudas con respecto a mi fe y estas han aparecido en momentos significativos, como cuando me consagré como ministro de la Comunión o bien cuando me Consagré a los Corazones de Jesús y María, pero como parte de la Iglesia Católica he podido encontrar un tesoro invaluable en personas que me han sabido acompañar y que actúan como lámpara para mis pies y me ayudan constantemente a aclarar todas esas dudas o confusiones.

La fe en mi vida ha sido fortalecida y formada por los diferentes momentos de desiertos y auroras. Ha sido un camino entre valles de bonanza, en los cuales he encontrado la oportunidad para alabar y agradecer a Dios, e incluso dentro de los cuales he subido a cúspides de soberbia en donde creo que todo lo que tengo es por mis capacidades humanas, sin embargo al continuar en el camino me doy dando cuenta que definitiva nada podría sin la ayuda de Dios, quien me ha permitido pasar por valles de sequedad en los cuales me he sentido errante, sin saber hacia donde voy y es en esos momentos en donde puedo comprender que Dios con su mano dulcísima me cubre de todo aquello que busca hacerme daño.

Es al pasar por medio de esos momentos oscuros llenos de voces de desaliento, sombras de culpa y fríos de soledad en donde mi fe se sigue fortaleciendo.

Muchas veces me pregunté ¿Cómo pudo Abraham confiar ciegamente ante la petición de sacrificar a su hijo, cómo María con un corazón noble y entregado le dijo SÍ a Dios? Y de una forma suave y tierna llega en un momento de oración la respuesta “un corazón cuyo tesoro es Dios, no cuestiona, pues sabe que en Él se encuentra la razón de su vida y mientras esté con Él todo lo demás sobra”.

Esta respuesta me llevó a recordar un hecho que marcó mi historia a los 24 años, soy educadora en un centro educativo para varones, amo acompañarlos en cada proceso de aprendizaje y fue en medio de este oasis de esperanza que el Señor me llamó para una misión fuerte a la que creí no estar preparada a mi corta edad. Dentro de mis oraciones, dialogaba con Dios y le decía, “Señor no sé por qué me elegiste, soy muy pequeña y no sé cómo hacerlo, pero aquí estoy, condúceme hacia donde tú quieras” a lo que Él como todo un Padre amoroso me susurró al oído, “Yo el Dios de Moisés, de Abraham y de Jacob, estoy contigo, no tengas miedo”. Sin duda alguna el camino no ha sido fácil, pero por medio de su Espíritu Santo ha ido ablandando mis durezas del alma, me ha endulzado en mis momentos amargos y me ha consolado en mis momentos de desolación.

Durante ese caminar en la fe, que aún falta por recorrer, me ha demostrado de la mano de María que todo en esta vida tiene un ¿Para qué?, desde una alegría hasta una terrible enfermedad o pérdida.

Y mientras siga descubriendo el camino que Dios tiene para mí, seguiré confiando que sus planes son mejores que los míos y que en este camino de la fe, debo tener el corazón de María, para guardar con serenidad dentro de mí aquello que no comprendo pero que tiene sin duda alguna un plan Divino y que como hija de Dios debo cumplir con amor y humildad.

Marielos Argueta