¿Has tenido últimamente un cúmulo de pequeñas humillaciones que hunden tu autoestima o que te impiden seguir viviendo en paz? Esto es importante detectarlo y aprender a abrazar las pequeñas o grandes humillaciones que nos van llegando (sacar peor nota de la que esperabas en el examen, equivocarte en algo delante de todos, que te corrijan más de la cuenta, etc.).

Nosotros daríamos 3 tips importantes que pueden ayudar a abrazar estas humillaciones:

  1. Reza a menudo las letanías de la humildad del cardenal Merry del Val. Lo que se pide cuesta mucho encarnarlo porque es muy fuerte y va en contra de lo que muchas veces queremos… pero pedirlo nos hace bien y el Señor nos escucha siempre. También os animamos a añadir letanías acorde a vuestras circunstancias. Por ejemplo: del deseo de ser preferido en todo, líbrame Jesús; o, del deseo de ser admirado, líbrame Jesús; o, el deseo de querer hacerlo siempre todo solo, líbrame Jesús. 

Letanías de la Humildad

(del Cardenal Merry del Val)

Jesús manso y humilde de Corazón, -Óyeme.

(Después de cada frase decir: Líbrame Jesús)

Del deseo de ser lisonjeado,

Del deseo de ser alabado,

Del deseo de ser honrado,

Del deseo de ser aplaudido,

Del deseo de ser preferido a otros,

Del deseo de ser consultado,

Del deseo de ser aceptado,

Del temor de ser humillado,

Del temor de ser despreciado,

Del temor de ser reprendido,

Del temor de ser calumniado,

Del temor de ser olvidado,

Del temor de ser puesto en ridículo,

Del temor de ser injuriado,

Del temor de ser juzgado con malicia

(Después de cada frase decir: Jesús dame la gracia de desearlo)

Que otros sean más amados que yo,

Que otros sean más estimados que yo,

Que otros crezcan en la opinión del mundo y yo me eclipse,

Que otros sean alabados y de mí no se haga caso,

Que otros sean empleados en cargos y a mí se me juzgue inútil,

Que otros sean preferidos a mí en todo,

Que los demás sean más santos que yo con tal que yo sea todo lo santo que pueda,

Oración:

Oh Jesús que, siendo Dios, te humillaste hasta la muerte, y muerte de cruz, para ser ejemplo perenne que confunda nuestro orgullo y amor propio. Concédenos la gracia de aprender y practicar tu ejemplo, para que humillándonos como corresponde a nuestra miseria aquí en la tierra, podamos ser ensalzados hasta gozar eternamente de ti en el cielo.

Amén.

2. Ríete mucho de ti mismo. Esto parecerá una tontería pero es súper importante y de verdad que se nota cuando se hace. Cuando te venga una humillación, aunque la primera reacción sea de vergüenza, de rabia, etc. intenta acto seguido reírte de ti mismo y darle la vuelta a la humillación, y así se convertirá más en una anécdota o en algo que te ayudará a crecer.

3. Ten paciencia contigo mismo. Otro punto clave. Ten mucha paciencia contigo mismo, no te exijas una perfección que el Señor no te está exigiendo, y sé paciente porque todo es para bien para aquellos que aman a Dios, no lo olvides.

Y por último,

4. Grábate a fuego en tu corazón esta frase de santa Teresita del Niño Jesús e intenta vivirla: «Lo que agrada a Dios en mi pequeña alma es que ame mi pequeñez y mi pobreza, es la confianza ciega que tengo en su misericordia». 

¡ÁNIMO Y NO DESPESPERES!

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