En cuanto a ti, hijo, que tu fuerza sea la gracia que tienes en Cristo Jesús.  Cuanto has aprendido de mí, confirmado por numerosos testigos, confíalo a personas que merezcan confianza y que puedan instruir después a otros.

Soporta las dificultades como un buen soldado de Cristo Jesús. el que se alista en el ejército trata de complacer al que lo contrató, y no se mete en negocios civiles.  El atleta no será premiado si no ha competido según el reglamento.  Al agricultor que trabaja duro le corresponden en primer lugar los frutos de la cosecha. Entiende lo que quiero decirte;  seguramente el Señor hará que lo comprendas todo.

Timoteo siempre me pareció una figura de ejemplo. Un joven que se enamoró de Dios y tuvo la suerte de conocer a San Pablo, uno de los apóstoles más activos (sin demérito de ningún otro) y educarse con él. Este fragmento corresponde a la segunda epístola de san Pablo a Timoteo.

Cuando una persona decide convertirse, es frecuente que todo se tambalee junto a Él. Su círculo más cercano parece oponerse y todo “parece” volverse en contra. Nada más lejos de la realidad; Cristo avisó de que vendrían persecuciones y levantamientos. Pero es bueno perseverar, así consigue uno (por mérito de Cristo) salvarse.

En este fragmento Pablo exhorta al joven Timoteo a la perseverancia, a resistir la dificultad, a aguantar cuando venga viento y marea. Así se consigue el gran premio, la persona que persevera se salva, porque así lo quiso Jesús.

El amor de Dios no conoce de ningún límite, sin embargo, en base a ese amor, el Señor nos va educando poco a poco con su paciencia y su sabiduría. Él sabe que vendrán malos momentos, Él sabe que no entenderemos cosas que pasen a nuestro alrededor. Más no quiere que nos rindamos, quiere que perseveremos, que ofrezcamos la otra mejilla, para que así poco a poco maduremos nuestra fe. El Señor sabe que somos como niños, y que no estamos preparados en un inicio para recibir el gran premio. Es necesario sufrir, agarrar la Cruz, para como decía ir poco a poco madurando. Y cuando falte el aliento, pidámoslo, que el Señor lo da encantado.

Pues queridos amigos, como a Timoteo rezo para que tengamos la perseverancia, para que luchemos por conseguir ese gran premio, y para que ayudemos a los demás a continuar también con paso firme.

Carlos García Moreno.

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