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La Fe se aviva en la tribulación

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La Fe se aviva en la tribulación

Queridos amigos, traía para este mes de mayo un artículo sobre la Virgen María como es menester, sin embargo el muy reciente fallecimiento de una persona cercana a mi ha hecho que crea mejor hablaros sobre esto.

Están siendo unos días complicados en mi círculo más cercano. La marcha de esa persona ha dejado sin duda una huella en muchos corazones. Huella que solo Cristo puede llenar.

Cuanto más observo acontecimientos tristes como la muerte de una persona, más cuenta me doy de la fragilidad del hombre. Frágil como un vidrio somos, simple polvo; hoy sí y mañana no. Y así es esto, un buen día te levantas como otro día cualquiera y en ese mismo día el Señor te ha llamado para partir a su Reino. Sin duda para las personas que en el mundo nos quedamos es algo triste, pero llenos de esperanza y de una profunda serenidad al saber que esa persona ya está con el Amor de los amores. Creo que es importante resaltar esto, la muerte no es el final; puede que para muchas personas lo sea, pero nosotros como cristianos somos sabedores de que Jesús nos regaló vida, que disfrutamos una vez partamos de este mundo.

Sin duda son momentos difíciles, duele dejar ir a una persona que amas. Sin embargo por ese amor debemos comprender que su felicidad es lo más importante, y ya lo son con Jesucristo. Es humano sufrir, ¡si me apuráis diría que lo raro es no sentir nada!. Sin embargo debemos tener cuidado en quedarnos estancados. No está bien quedarse para siempre en el mismo hoyo; debemos ser conscientes de que la persona que se marchó vive con alegría en el reino de Dios y que será cuestión de tiempo que compartamos esa felicidad.

Por eso queridos amigos, me gustaría deciros que ánimo, espero que si estáis pasando una situación similar, no dejéis venceros por la tristeza, todo lo contrario. Revestíos del amor infinito de Jesucristo, que llena de paz y serenidad todos los corazones, y mostremos al mundo con nuestro ejemplo que la marcha de este mundo no es el final, solo la puerta de entrada a la alegría eterna, donde nos espera aquél que con infinito amor nos regaló la vida.

Carlos García Moreno