domingo, junio 20, 2021
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Hacedlo todo por amor. Testimonio de Rosario

así no hay cosas pequeñas: todo es grande.

Con esta frase de San Josemaría resumo cómo vivo mi fe en el día a día: haciendo todo por amor, en especial las cosas pequeñas, que muchas veces nadie nota. Amando, con un propósito claro y un sueño grande: ser santa, llegar al cielo.

Me llamo Rosario, tengo 23 años, soy de Chile y acabo de terminar mi carrera universitaria. Mi historia es quizás como la de muchos acá, o quizás no. Vengo de una familia católica, estuve en un colegio con una buena formación religiosa, y desde pequeña asisto a charlas de formación espiritual. ¡Qué fácil era en ese ambiente vivir mi fe, era muy cómodo!

Entré a la Universidad, un ambiente completamente distinto, donde nadie era católico, o si lo eran, pero no practicantes. “¿Vas a Misa? Wow, no conozco a nadie que siga yendo, que raro”… o “yo solo voy en Navidad, porque es tradición” eran comentarios que escuchaba a menudo, y no solamente eso tuve que oír, en clases algunos profesores hablaban de la religión católica como algo malo, otros enseñaban que la Iglesia sólo perjudicaba al hombre y le quitaba la libertad y afirmaban una serie de mentiras sobre ésta, enseñándolas en clases, convencidos… ¡es que no podían estar más equivocados!. En este contexto, está claro que yo iba contracorriente, y que difícil es, tener que debatir con el profesor, recién en primer año, defendiendo a la Iglesia, la fe, y ver como todos te miran con extrañeza, muchas veces juzgando, pues ser católico hoy está lejos de ser algo que esté de moda. Lo bueno, es que todo esto me llevó a reafirmar más mi fe.

No les voy a mentir, no todos los años de Universidad fueron radiantes y felices, muchas veces caí, me alejaba de Dios, tenía el corazón frío, pero al final siempre volvía a Él, es que es increíble como nos ama tanto, ¡y nos perdona todo! Y cómo no vamos a corresponder a ese inmenso amor de la misma manera: amando, haciendo todo por amor.

¿Cómo vivo yo en el día a día mi fe, con este Amor gigante que siento del Padre? Por un lado, viviendo mi vida “normal”, como todos: estudio, trabajo, me junto con mis amigos, mi novio, comparto con mi familia, participo en voluntariados, entre otras cosas. Es normal si lo ves desde afuera, pero la verdad es que desde adentro no es normal para la gran mayoría. La gran diferencia: intento ponerle a todo lo que hago un sentido sobrenatural, por amor a Dios, ofreciéndole las cosas buenas y malas, pidiéndole ayuda y agradeciendo todo. Al final viviendo de verdad, con un sentido y con alegría.

Y es que la fe es algo tan inmenso que hay que vivirla con alegría, hacer que rebose de nuestro corazón, que nos apasione y compartirla. No podemos ser tan egoístas de dejar este tesoro sólo para nosotros … y no digo que empecemos a predicar por todas partes sobre nuestra fe, que quizás para muchos esa es la manera, y está bien, pero para mí la mejor forma de vivir y compartir mi fe es estando donde tengo que estar, haciendo bien lo que tengo que hacer. Estar. Estar ahí para quien lo necesite, para mis cercanos y los que no lo son tanto. ¿Qué quiero decir con esto? Simple: ser verdaderamente amiga de mis amigas, buena hermana, novia, compañera de trabajo, hija de Dios. ¿Y cómo hago esto? Escuchando, acompañando, aconsejando, rezando, estando siempre atenta a las necesidades de los demás, entregándome, sirviendo, haciendo todo por amor.

Y al final, ni te das cuenta cómo influyes en los demás sólo siendo tú, con la alegría y la paz con la que vives, por la fe que tienes. ¡Qué tu forma de ser sea por sí sola testimonio de que eres católica, de que eres feliz, y que esto inspire a varios!

Por último, quiero decirte: si piensas que todo esto de ofrecer lo que haces en el día a día es algo rutinario, o poca cosa, te digo: ilusiónate, a los ojos de Dios nada es pequeño, y como dijo San Josemaría “si pones amor en tus días, cada día es distinto”.

Rosario Salazar

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