La valenciana Inés Milián, de 36 años, se consagró en el Orden de las Vírgenes Consagradas hace unos días. Paraula nos cuenta su historia.

Nacida en el seno de una familia católica, sus padres transmitieron la fe a ella y a sus 10 hermanos. Con tan sólo 13 años tuvo una experiencia de Dios. Tras una pelea con sus hermanos, salió de casa llorando: “Si nadie me quiere, si no soy amada como soy, para qué vivo, para qué existo. Si hoy mismo muriera, ¿alguien me echaría en falta?”. En ese momento, escuchó en su interior una voz que le decía: “Yo sí te quiero. Tengo un plan para tu vida y un gran amor para ti”. Con el convencimiento de que estas palabras venían de Dios y eran ciertas, Inés volvió a sentir que su vida merecía la pena. Así empezó su relación íntima con Dios.

Tuvo varios novios, pues quería formar una familia, pero ninguno satisfacía su sed de amor. Entonces, en una ocasión que acompañó a una amiga que entraba en el Iesu Communio de La Aguilera, quedó impresionada. Les recibieron con un canto que decía: “Lo que tengo te doy. Nuestro gran regalo es que no hace falta más que Jesucristo”. “Al escuchar esto mi corazón hizo crack. Comencé a llorar, no podía parar. Sentía que allí encontraría respuestas”.

A partir de ese momento la vida de Inés se transformó. “Estaba enamorada de Jesús y hasta las trancas. Estaba feliz a más no poder”. Tenía ganas de rezar, de ir a misa todos los días, de estar ante el sagrario…»

Su director espiritual la derivó al Centro de Orientación Vocacional para que pudiera conocer las distintas realidades religiosas y allí fue donde descubrió el Orden de las Vírgenes.  “El Señor me llama a amar y servir entre la gente, a encontrar a Jesús en los pobres, a llevar a Jesús en el día a día, en lo cotidiano, en mi trabajo, en mi familia, en la catequesis”, ha afirmado.

Puedes leer este testimonio completo en Paraula

Artículo anteriorYa son 27
Artículo siguienteEl Cardenal Pell advierte del desvío de la Iglesia alemana