Después de la muerte de Moisés, siervo del Señor, dijo el Señor a Josué, hijo de Nun, ayudante de Moisés: «Moisés, mi siervo, ha muerto. Anda, pasa el Jordán con todo este pueblo, en marcha hacia el país que voy a darles a los hijos de Israel. Os voy a dar toda la tierra en la que pongáis la planta de vuestros pies, como le prometí a Moisés. Vuestro territorio se extenderá desde el desierto hasta el Líbano, y desde el gran río Éufrates hasta el Mar Grande, en occidente (toda la tierra de los hititas). Mientras vivas, nadie podrá resistirte. Como estuve con Moisés, estaré contigo; no te dejaré ni te abandonaré. ¡Ánimo, sé valiente!

El libro de Josué es el primero de los llamados “Libros Históricos” que componen el canon bíblico actual. Dios hizo grandes promesas a Moisés, uno de sus siervos más fieles. Sin embargo, Moisés no llegó a ver la Tierra Prometida, murió con la esperanza de que sus descendientes pudieran contemplarla y murió feliz por ello.

El ejemplo de Moisés es grande. No se desespera, no se rinde ni deja a Dios de lado, sencillamente sigue con su tarea hasta que llega el final. En muchas ocasiones nosotros somos Moisés. Tenemos una tarea asignada, una misión que llevar a cabo para Dios. Debemos llevarla con celo y diligencia durante toda nuestra vida, aunque a veces resulte cansado, el Señor acaba premiando y estará feliz porque lo hayamos hecho.

Por otra parte, en este texto puede verse que pese a que su tiempo no es igual que el nuestro, Dios siempre cumple sus promesas. La Tierra Prometida le fue prometida valga la redundancia a Moisés. Sin embargo pese a la muerte del mismo el pueblo la acabará viendo, prueba de que por mucho que parezca tardar, el Señor en su bondad y en su amor siempre cumple con sus palabras.

Además, me quedo con lo que le dice a Josué: “ánimo que estaré contigo como prometí a Moisés, sé valiente”. Creo que es de importancia destacar esta frase, al igual que en muchos otros pasajes, Dios da fuerza y ánimo a sus hijos. El amor de Dios, su fuerza, su compañía y su aliento nos acompañan cada día, desde el despertar hasta el descanso. Ninguna tarea se puede hacer sin su ayuda, todos los esfuerzos que hagamos serán en vano, mucho mejor confiar en su palabra que nos da ánimo, fuerza y valentía.

Carlos García Moreno.

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