Rocío Rondero es una joven mejicana que conoció a René, un español de Gijón, en su tierra a la que había viajado por trabajo. Ella era provenía de una familia católica, él no, aunque estaba bautizado. Esto no fue un obstáculo para que su relación avanzara hasta planear su boda.

“Yo le fui contando a René lo que suponía formar una familia cristiana, abierta a la vida, que educara en la fe a nuestros hijos… René me escuchaba, y un día me dijo que quería empezar a recibir formación cristiana. Poco después hizo la Primera Comunión y recibió el sacramento de la Confirmación».

Llegó el momento en que René tenía que volver a España. «Le pedía en mi oración luces a Dios, para saber qué camino debía escoger… y mi respuesta fue un sí.» Y los dos viajaron a Gijón.

Como el padre de Rocío era cooperador del Opus Dei, la animó a su a ponerse en contacto con algún centro en España. Así lo hizo y comenzó a asistir a los medios de formación y a preparar su boda, pero el confinamiento por el covid-19 la retrasaba.

«Un día de verano fuimos a visitar a la Santina, y allí le pedí a la Virgen que solucionara las cosas para poder celebrar nuestro matrimonio. Yo confiaba totalmente en mi Madre la Virgen, pero la verdad es que a veces me agobiaba”. La solución vino cuando sus padres le dijeron que lo importante era el sacramento del matrimonio aunque ellos no pudieran venir.

Su ilusión era casarse ante la Virgen de Covadonga y lo consiguieron. Les ayudaron con los preparativos las chicas del centro del Opus Dei y el celebrante fue el sacerdote de ese centro. Los padres de Rocío calcularon la hora de la ceremonia para acompañarlos en la distancia con la oración

Como no pudieron celebrarlo porque estaba todo cerrado, al pasar por un McDonald’s, que estaba abierto, compraron unas hamburguesas para tomarlas en casa.

Puedes leer esta historia completa en Opus Dei

 

Artículo anteriorPropuesta para reponer la cruz derribada por el Ayuntamiento
Artículo siguienteEl Covid-19 entra en el Monasterio de Iesu Communio