miércoles, mayo 12, 2021
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Ama hasta que te duela, si te duele es buena señal. Madre Teresa

y la esperanza no nos defrauda, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado (Romanos 5:5)

¿Quién soy? Me presento, soy una viajera por naturaleza, un “culo inquieto”, o, una descripción mas ajustada, que sería “chica de tercera cultura” , cuyo acrónimo se traduce en inglés como TCK.

En el año 2000, nací en Hannover, Alemania. Al poco tiempo, ya me había embarcado hacia mi segundo destino: Burgos, donde nacieron mis cuatro hermanos. Ahí vivimos durante siete años, mi infancia. Después volvimos a la ciudad que me vio nacer, y estuvimos otros siete años ahí, hasta que a mi padre le trasladaron al estado de Wisconsin en Estados Unidos. Ahí cada miembro de mi familia vivió durante mas o menos años: mi padre y yo estuvimos durante dos años, y mi madre y mis hermanos durante tres años. Durante el año 2018, estábamos repartidos entre tres países: mi madre con mis hermanos en Estados Unidos, a mi padre le trasladaron a Dinamarca, y yo me fui a estudiar el ultimo curso del colegio a Alicante para poder realizar la selectividad (quería estudiar Medicina en España).

Ahora podréis entender la razón por la cual toda mi vida me ha resultado imposible contestar a la pregunta “¿de dónde eres?” con una sola palabra.

Me he criado en una familia católica. Desde que puedo recordar hemos ido todos juntos, los siete, a Misa los domingos. Como era de suponer, hice la Primera Comunión en Burgos y la Confirmación, pues, en Estados Unidos.

Las costumbres religiosas en mi casa son varias: bendecimos la mesa en cada comida, diciendo un “gracias, perdón y por favor” después… y en estos tiempos que corren, si no se puede ir a Misa de manera presencial, la vemos en el salón teletransmitida.

A raíz de eso, siempre he tenido el don de la Fe presente. Y a pesar de que en ocasiones me ha tambaleado, nunca he dejado de confiar en Dios y de agradecerle diariamente por el regalo de la vida.

He tenido la gran suerte de poder haber participado durante dos veranos consecutivos en viajes misioneros con mi parroquia en EE. UU. Esas grandes experiencias, que recordaré durante toda mi vida, me abrieron los ojos en su momento para darme cuenta de la grandeza de nuestro Creador y cómo trabaja en los corazones de Sus hijos cuando dejan todo en Sus manos. El primer año estuve en los montes Apalaches, en el estado de Virginia Occidental (“West Virginia, mountain mamma”), sirviendo a los más necesitados en reparaciones de sus hogares. Y al año siguiente estuve cerca de Denver, Colorado.

Además, en noviembre de 2017, pude asistir a la Convención Nacional de Jóvenes Católicos (NCYC) en Indianápolis. Fue un fin de semana intenso, en el cual nos reunimos 25,000 fieles de todas partes del país bajo el techo de un estadio de futbol americano, donde escuchamos los testimonios de personas increíbles como la hermana Miriam Heidland, que tuvo una conversión alucinante, y que desprendía una luz, en la que reconocías a Cristo con claridad; cantamos, reímos, asistimos a charlas sobre distintos temas y sentimos vivamente durante esos días al Espíritu Santo revoloteando.

Sin duda alguna puedo decir que fue durante esos cortos años en Estados Unidos donde mi Fe tomó cimientos solidos.

De tanto mudarme de país, está claro que he tenido que rehacer amistades ahí a donde fuera, pero Jesús ha sabido colocar en mi vida a personas extraordinarias, cada una de las cuales me aportan cosas distintas, pero siempre para bien, y para ayudarme a crecer como persona. Ahí es donde también veo a nuestro Dios, en los corazones de mis amigos, e incluso en desconocidos que te echan una mano, o te lanzan una sonrisa. También le reconozco en las obras de arte que nos regala en el Cielo, con la gama de colores preciosos en los amaneceres y atardeceres, que parece que los haya pintado Él con todo el amor del mundo.

Esta vida solo es vida si vivimos alzando la mirada hacia lo más alto, alegres, porque reconocemos que tenemos un Padre que nos ha amado desde el principio de los tiempos, y que por eso nos dio a su único Hijo para que a través de Él podamos tener vida eterna en comunión con la Santísima Trinidad. Y yo sé que la voy a vivir plenamente de la mano de Jesús, confiando plenamente en su Nombre y en los planes que tiene para mi vida.

Raquel De Arriba López

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