Queridos míos, no se extrañen de la violencia que se ha desatado contra ustedes para ponerlos a prueba, como si les sucediera algo extraordinario. Alégrense en la medida en que puedan compartir los sufrimientos de Cristo. Así, cuando se manifieste su gloria, ustedes también desbordarán de gozo y de alegría. Felices si son ultrajados por el nombre de Cristo, porque el Espíritu de gloria, el Espíritu de Dios, reposa sobre ustedes. Que nadie tenga que sufrir como asesino, ladrón, malhechor o delator. Pero si sufre por ser cristiano, que no se avergüence y glorifique a Dios por llevar ese nombre. Porque ha llegado el tiempo en que comenzará el juicio, empezando por la casa de Dios. Ahora bien, si el juicio comienza por nosotros, ¿cuál será la suerte de los que se niegan a creer en la Buena Noticia de Dios? Si el justo apenas se salva, ¿qué pasará con el impío y el pecador? Por lo tanto, aquellos que sufren conforme a la voluntad de Dios, practiquen el bien, poniéndose en las manos de su Creador, que es fiel.

A día de hoy es muy frecuente ver en las noticias, en los medios, en el periódico, noticias sobre la muerte de cristianos en determinadas zonas del planeta. Bien por causa de su fe (mártires), bien por negarse a renegar de Jesucristo, o bien por el simple hecho de pasar por allí. Este tipo de crímenes son algo infame, pero como dice san Pedro en su primera carta: hay que ser agradecidos por ello.

En medio de tanto mal, y sobre todo hoy día donde la Iglesia es claramente perseguida, nos corresponde a los cristianos corrientes, al laicado, el seguir defendiéndola. No debemos sentirnos desdichados, maldecidos o tristes por sufrir por nuestra Fe. Más bien todo lo contrario, es motivo de estar agradecido y darle gracias a Dios por el maravilloso regalo que hace con cada persona que recibe la Fe sin importar cuándo.

Se puede sufrir por muchas cosas: por la maldad, por ser asesino, ladrón, etc. Pero nunca jamás debe uno decir que se sufre por ser cristiano. Es muy frecuente que cuando una persona se convierte, todo se tambalea a su alrededor y la persecución (no solamente por este pasaje, si no por otros tantos de la Escritura) se convierte en una de las primeras cosas en llegar.

Resistir en este punto se convierte en algo clave, teniendo siempre presente que se ayuda a la Redención de Cristo padeciendo en su nombre. Pues recemos amigos por todos aquellos mártires, conocidos y desconocidos que decidieron no rendirse cuando les llegó la época de la persecución y que decidieron llegar hasta el final con la Fe que habían recibido.

Carlos García.

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